sábado, 11 de octubre de 2008

Un chocolate aéreo (11 de octubre de 1890)


Tal día como hoy de 1890, el que podemos considerar patriarca de nuestra familia Ramón de Cárdenas y Padilla hizo una ascensión en globo, circunstancia que recoge tío Ignacio en su precioso relato del libro que hicimos en 1975.
Desde hace muchos años conservo un recorte de prensa en el que el propio protagonista relata su aventura.Pero tanto en el papel en que está pegado el recorte como en la fotografía que está en uno de los álbumes de tío Jaime aparece la fecha de 1900.Ello debió ser un lapsus en que incurrió don Ramón cuando ,años después, pegó tanto la foto como el recorte,pues la realidad es que el hecho ocurrió diez años antes, esto es, en 1890.
Sea cual fuere la fecha, nada quita al interés y curiosidad del acontecimiento, por lo que paso a copiar la crónica tal como salió publicada en "La Época"

UN CHOCOLATE..... AÉREO

Sr. D. Pedro Bofill.
La indisposición, ligera por fortuna, que sufre Vd., le ha impedido formar parte hoy de la expedición que en el globo España se ha realizado esta mañana, y a la que he asistido con otros compañeros de la prensa, invitados galantemente por el administrador de los Nuevos Eliseos, Sr. Folache.
A las diez y media, cumplida con prontitud la tarea de soltar las amarras, el capitán, Sr. Sisteré,subió a la barquilla y detrás de él los expedicionarios Sres.Peral(D. Manuel),alférez de navío, hermano del inventor del submarino; Bueno, redactor de El Día; Romero, de El Liberal;Palma(D. Emilio), de La Iberia; Astor, de El Globo; Celada, de El País; Solís, de El Demócrata y Ducazcal(D. Ricardo), que con un mozo de café y un sevidor de Vd., componíamos una tripulación de once personas.
Ya dispuestos para la ascensión, se procedió a sacar una fotografía; sonaron los pitos del capitán y contramaestre, y un prolongado silbido de la máquina de vapor fué la señal de la partida.
Lentamente verificóse ésta, sin que la barquilla experimentase la menor oscilación; de los tripulantes, tre éramos neófitos en aerostación, y no podiamos contener el asombro que nos producía ver cómo se ensanchaba Castilla delante de nuestros ojos.
A 200 metros ya dominábamos un extenso horizonte; por el Norte, el Guadarrama, Colmenar Viejo, Fuencarral, Chamartín con las esbeltas torres del Colegio de los Jesuítas, el Pardo, y, entre las brumas, el Escorial; por Levante, las cuencas del Henares y del Jarama; por el Mediodía, la del Manzanares, y la llanura que limitan los montes de Toledo, y por el Occidente,la Villa del oso y el madroño.
Desde luego, y al considerar las irregularidades topográficas que ofrece su ensanche, la escasez de plazas y vías anchas, se ocurre aconsejar a los ediles realicen ascensiones en el globo, para que vean cómo es el Madrid que administran, pues desde dentro no pueden apreciarlo.
De los edificios y monumentos más inmediatos, destacábase, por la elegancia de sus líneas, la puerta de Alcalá; la estatua de Colón, según repetidas veces se ha dicho, parscía un candelero; el Hipódromo, una bandel, y laPlaza de Toros un queso manchego... del tamaño de una Plaza de Toros, según consignaban en El proceso del cán-cán.
Por cierto, que ofrecía un curioso aspecto un entierro que vimos salir del circo taurino; en la amplia avenida, la fila de carruajes parecía una fila de hormigas.
-Si alguno se siente molesto- dijo el capitán Sisteré,-puede retirarse desde luego.
¡Cosa fácil! Insensiblemente habíamos llegado a 350 metros, que es el máximo del cable que, como una pelota artificial, nos unía a la tierra.
Fondeado el globo, sirviose un exquisito chocolate con ensaimadas y bizcochos, que tomamos gustosos, pues nunca con más razón pudimos apreciar la influencia del cambio de aires.
Como antes de zarpar habíamos tenido la curiosidad de registrar las pulsaciones, en aquella altura hicimos la comparación, resultando que algunos que subían por primera vez, y en tierra tenían 100 y 98 pulsaciones, marcaban 120 y 108 respectivamente; en los demás, apenas había alteración.
La temperatura, que era al salir de 22 grados, bajó a 19, y el viento asimismo del NE. pasó al SE.
Cuando hacíamos estas observaciones o discurríamos sobre las contingencias improbables de una ascensión libre a la que nos invitaba nuestro capitán, dijo éste mirando a tierra:
-Me parece que sube alguien por el cable.
En efecto: a los pocos momentos, llegaba a la barquilla un muñeco, que inflado de gas, ascendió llevando un cariñoso saludo a la prensa.
Agitó el capitán una bandera blanca, y sentimos el tirón del cable que nos atraía al punto de partida.
Verificóse sin novedad el regreso, siendo de notar el efecto que producen los edificios cercanos, que como las decoraciones en las obras de magia, surgen del suelo.
A los 42 minutos de haber salido, pisamos tierra, muy complacidos de tan agradable excursión.
Habia oído a otros ascensionistas que la impresión era agradable, pero que nadie, una vez en el piso firme, deseaba repetirla.
Se realizan los viajes en tales condiciones de seguridad, y el espectáculo es tan admirable, que la mayoría, por el contrario, desearía hacerlas de nuevo.
Parea las ascensiones libres dispónese ya de un nuevo aerostato:el Reina Regente; pasan ya de veinte las personas que se han inscrito para tomar parte en ellas.
Anímese, pues, amigo Bofill, a inscribirse también, pues ese viaje descrito por Vd. ofrecerá más interés a los lectores de La Época que el descrito a vuela pluma por su afectísimo compañero
SANDREAC.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Al leer esta noticia me ha llamado la atención que hace más de un siglo coincidieran en una situación tan especial mi bisabuelo con el hermano del bisabuelo de mi marido (Manuel Peral hermano de Isaac Peral)
María García de Cárdenas (16.1.1)