viernes, 12 de marzo de 2010

UN GRAN HOMBRE

No quiero que pase ni un lustro más sin referirme a una de las personas que más ha querido a los Cárdenas. Poco antes de morir le dijo al padre Peyton en su lecho del dolor (en el lecho del dolor no del padre Peyton, sino del personaje del que os hablo): “reverendo padre, me voy al otro mundo con tres dolores; uno el de no haber podido ser un Cárdenas por más que lo he intentado, otro el de no haber bailado nunca la yenka con Elsa Pataki y el tercero (the last but not at least) el de un panadizo que me ha salido en mi propia nuca humana que, por lo que veo, pronto descansará en paz.

Me estoy refiriendo (y supongo que muchos de vosotros ya lo habéis adivinado) al epónimo de la madrileña calle de Torpedero Tucumán.

Os contaré cómo le conocí.

-“Buenas tardes. ¿Señores de Tucumán?"

-"Sí, joven, –me contestó una mujeruca, ya de cierta edad, vestida con bata de botainé azul a topos blancos- aquí es."

-"¿Está Don Torpedero?"

-"En efesto (la verdad es que ahora no me acuerdo si me dijo en efesto o en efezto), espérele aquí en el saloncito que ahora mismo sale. Tardará un par de minutos, porque está haciendo de cuelpo y lleva ya bastante tiempo encerrado."

- "Nada, nada, señora. Esperaré aquí."

- "La verdad es que debe estar del vientre. No lo comprendo, pero lleva todo el día yendo al baterclos a obrar y a obrar. Yo ya no sé, caballero –dijo poniéndome en un violento compromiso - Pero ¿A usted le parece que es para enfermar así por haber cenado un pisto de calabacín con un huevo frito en toó lo arto?"

- "Mujer, me hace usted unas preguntas…

Se fue un poco irritada por mi falta de apoyo mientras gritaba por el pasillo:

-“¡Torpedero! ¡Torpederito!” –en ese diminutivo reveló la señora de la bata de boatiné que era la mamá de nuestro hombre-“¡límpiate y sal pronto que hay un señor esperándote en la salita!”

Pocos minutos después vi por primera vez a Don Torpedero Tucumán en vivo y, he de confesarlo, me impactó por lo atroz de su rostro. No creo haber visto nunca a nadie tan horroroso del nudo de la corbata hacia arriba.

Ni que decir tiene que, en cuanto se enteró de que yo era un Cárdenas, volcó sobre mí todas sus gracias y virtudes que, a decir verdad, eran bastante escasas.

Años después, volviendo de El Pardo en calesa un día de San Eugenio, me confesó que, en realidad, el no era Torpedero Tucumán propiamente dicho, sino que su nombre completo era el de José Torpedero Jacinto Martínez de Tucumán pero que, como todo eso no cabía en la placa azul municipal, los ediles madrileños habían decidido llamar a la calle sencillamente Torpedero Tucumán.

Fuimos muy amigos. Yo le enseñé algunos trucos de las artes amatorias que me han hecho famoso y que el pudor no me permite referir aquí. Él, en reciprocidad, me enseñó a jugar al ónimod.

El lector despierto (si es que alguno ha conseguido llegar despierto hasta esta línea) habrá observado que ónimod es el anagrama inverso de “dominó”. En efecto, Torpedero había inventado este juego que consistía en hacer lo contrario de lo que se hace en el dominó. Es decir, en vez de poner las fichas ganando aquel de los participantes que antes se quede sin ellas, el ónimod consistía en no poner nunca las fichas, de manera que el primero que ponía una de las 28 fichas, perdía.

Era un juego que producía una tirantez entre los jugadores difícil de explicar. Los puntos estábamos al borde de la mesa, mirándonos de reojo, torvamente, esperando que otro, siempre otro, se equivocase y depositase sobre la mesa una de las fichas que tenía delante. Aunque las cosas se solían poner muy tensas, al final siempre había alguno que flaqueaba, ponía ficha y entonces, con avidez, el resto de los jugadores nos abalanzábamos sobre los cinco duros que el perdidoso solía dejar con desdén sobre el mugriento tapete.

Un día se produjo un hecho dramático pues, tras varias horas en las que todos los jugadores estábamos aguantando heroicamente sin poner, mirando al techo, silbando “El puente sobre el río Kwai” o haciendo girar, con las manos entrelazadas, los pulgares sobre ellos mismos, el tío que estaba a mi izquierda puso de golpe todas sus fichas.

Perdió, claro, pero mientras se echaba por los hombros el sobretodo para salir a la calle y nosotros nos repartíamos sus cinco duros, nos dijo:

-No creáis que jugáis mejor que yo, es que a las ocho empezaba el funeral de mi suegra (que Gloria haiga) y me tengo que marchar porque ya son y veinticinco.

Lo dramático de la situación es que, el pobre, además de dejarse las perras, encima se ganó una bronca de su señora (ya huérfana) por llegar tarde a las exequias de su mamá política.

Pero un buen día todo terminó. Empezamos una partida y éramos 29 puntos alrededor de la mesa. Evidentemente, como no había más que 28 fichas, uno se debía quedar sin jugar; pero las cosas se deslizaron por otros derroteros. Uno de los jugadores dijo que el que no tuviese ficha ya había perdido, pues estaba claro que todos los demás tenían una cada uno, así que, sin mayores jeribeques mentales, era patente que el que carecía de ficha era el perdedor. Se opuso con vehemencia a tan pueril interpretación de las normas el que había quedado de non. De nada valieron razonamientos matemáticos sobre la imposibilidad de repartir 28 fichas entre 29 “burlangas”. Alguno, incluso, alegó, que desde luego que era imposible ya que el número 29 es número primo (en lo que no le faltaba razón). Pero quieras que no, cada uno se mantuvo terne en sus posiciones.

Pero resultó que aquel que se había quedado sin ficha y a quien se quería declarar perdedor, era nada menos que el gobernador civil de Cracovia (donde el acueducto; el acueducto de Cracovia, claro) y mandó intervenir a la Policía Nacional metiéndonos a todos en diferentes cárceles. Yo pené varios años y un día en ergástulas de Santoña, pero eso queda para otra ocasión (si es que me aguantáis).

Canel.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

pero como me puedo reír con tus historias,Canel, cuando he terminado la de un gran hombre, os aseguro que me dolía la cabea de tanto reír, no está bien que yo lo diga porque es mi hermano, pero es que me hace muchísima gracia y además le veo una imaginación..., La verdad es que yo siempre´sospeché que D Torpedero tnía un trauma con los Cárdenas pero no sabía la afición que teneis todos por la Pataki, no lo entiendo, pero... qué tiene ella que no tengamos cualquiera de las primas? no, si ya he visto que os la quereis llevar a Cuba y dejarnos a nosotras en tierra .ALICIA l

Tere dijo...

Marta Olea me comenta:

¡Gracias! ¡Me he reído mucho con Torpederito!!! Hoy mismo monto una timba de ónimod, que los chinos para esto de los juegos de mesa son bastante serios.

No me olvido del familycar, claro que no. Te cuento cosas para que las pongas en el blog. Muchos besos!!!

Aquí en Pekín ha llegado la primavera en teoría pero no en la práctica. El 13 de febrero fue la noche de celebración del año nuevo chino (ahora estamos en el año del tigre) y para ellos ese día empieza la primavera. Bueno, ese día o en la primera luna llena que fue dos semanas más tarde, no lo tengo claro. El caso es que desde ese momento se empiezan a regar jardines, se apagan las calefacciones, abren las terrazas, se plantan flores verdaderas en parques y jardines... Y digo "verdaderas" porque durante el invierno plantan flores de plástico, pero les ponen tierra de verdad, cosa que me resulta bastante sorprendente. Hoy domingo nos hemos levantado y está nevando un mes después de la llegada de la primavera. Ayer, en vista del frío que sigue haciendo decidí irme a esquiar con los niños a una estación pequeñita que tenemos a 65 km de Pekín. Mi sorpresa es que llamé por teléfono (voy aprendiendo a prever su comportamiento) y me dijeron que estaba cerrada, que abrirán el próximo mes de noviembre. Claro, me dije, si ya es primavera... Así de sorprendentes son los chinos, la economía de mercado a la que nosotros estamos acostumbrados les gusta mucho pero siempre funciona como creemos.

Por cierto que la nevada dicen que es provocada. Aquí tenemos un Ministerio para la Modificación del Tiempo. ¿Que hay sequía? ¿Contaminación excesiva? Pues nada nada, ya lanzamos unos misiles de yoduro de plata a esas nubecillas que vienen de Mongolia y limpiamos un poco. La nieve no es blanca es gris. Dicen que respirar un día en Pekín es equivalente a fumar una cajetilla de tabaco...

¡De todas formas os espero por aquí a todos los que os apetezca venir! La primavera es una buena ocasión, no hace frío (en teoría). Besos a todos.

Pachi dijo...

Bravo Canel, además de escribir bien, te sobra imaginación.
El artículo genial, me he reido muchisimo.
Un abrazo

Anónimo dijo...

Canel: Eres un puro y genuido Cárdenas, como nuestros padres, abuelos, tíos, que tantos y tantos cuentos fantásticos nos han contado.Abrir Familycar cada dia y encontrar tus crónicas es apasionante. Muchísimas gracias. Tu prima Curra