

"Monsito",-como llamaban cariñosamente a Ramón de Cárdenas y Padilla-fué creciendo bajo la mirada vigilante de su madre Águeda Padilla y Montoto, y un buen día aprendió a leer. Para celebrarlo, madre e hijo se fueron al estudio de M. de Hebert, Miniaturista y Fotógrafo, calle del Prado 10,3º, Madrid, y se hicieron la foto que ilustra estas líneas. En ella, Ramón, muy serio, se aplica en la lectura de la Ley Hipotecaria. Fruto de tan provechosas lecturas fué la compra de la casa de Ifarkale a su abuela (véase la foto contigua, sacada en el mismo estudio de M. de Hebert.)a quien, a juzgar por el careto con que miró al pajarito no parece hacerle ni pizca de gracia la OPA que se le venía encima, aunque, en el fondo se sintiera orgullosa de las maneras que apuntaba su ilustre descendiente.Esta señora era doña Águeda Montoto y Silva, hija de don Genaro Montoto y doña María Teresa Silva (en otros sitios aparece como doña María Josefa), y viuda de Don Ramón Padilla y Cabeza, hijo del Capitán don José Padilla y Fernández y de doña María Mercedes Cabeza y Padrón, todos ellos de ilustres linajes canarios, de San Sebastián de la Gomera.
El matrimonio Padilla-Montoto tuvo nueve hijos: Emilia, casada con Francisco Pérez Muñoz; Tomás, sacerdote jesuíta; Ramón, casado con Candelaria Bell, Mercedes,casada con Rafael Blanco(de los que descienden los Puig de la Bellacasa);Ángela(que murió en la casa de Ifarkale), casada con Fidel de Sagarmínaga;Josefa;Águeda, nuestra tatarabuela,casada con Manuel de Cárdenas y Herrera;Luisa, religiosa del Sagrado Corazón, y Teresa, casada con Alonso de Nava, que murió en la noche de San Daniel(abril de 1865),acribillado por una carga de la Guardia Civil a caballo,cuando callejeaba por Madrid acompañado de su sobrino Ramón, nuestro bisabuelo, que tenía 13 años, y se libró milagrosamente de correr la misma suerte que su tío.
Otro día seguiremos contando chascarrillos familiares.
2 comentarios:
Viendo la foto de Agueda Montoto me ha venido el recuerdo de la película "Los Otros" de Amenabar.
Ahora descubro que los ruidos que había en el desván de Ifarkale, que yo creía que eran ratones, eran las cacofonías del espíritu de Dª Agueda Montoto" (Menos mal que no sabía de su existencia por aquél entonces...)
Publicar un comentario