lunes, 1 de diciembre de 2008

Tribulaciones de un tataranieto de habanero por Cuba

La semana pasada estuve en Cuba. La ruta fue de aúpa, teniendo en cuenta el estado de las carreteras de nuestro querido terruño de origen: La Habana, Consolación del Sur, La Habana, Cárdenas, Cienfuegos, Santiago de Cuba, Ciego de Ávila, La Habana. Total, algo menos de 2.500 kilómetros por tierras cubanas.

Como contar todo el viaje se haría pesado, sólo refiero algunas anécdotas, que sucedieron mientras iba dejando paquetes de medicinas, rosarios, linternas, estampitas, radios y cruces por diferentes parroquias del país.

1.- En mitad de Cuba, en la pequeña localidad de Santa Rita, nos dió el alto un policía de "tránsito". Después de los pertinentes saludos, nos espeta, con la mano sobre la boca: "Orillen el carro y pasen por la clínica oftalmológica. Tienen que hacerse una revisión porque hay un brote de conjuntivitis muy contagioso". Nos quedamos atónitos, haciéndole ver el buen estado en el que se encontraba nuestro sistema nervioso en sus extremos oculares. Una mujer que estaba al otro lado de nuestro "tur" (coche de turista, con su matrícula roja) y que llevaba por toda identificación una camiseta de la Cruz Roja y un remedo de carné plastificado colgando del cuello nos miró casi partiéndose de risa. No sabíamos qué hacer. Por suerte, nos dió a entender que el policía o estaba de broma o estaba borracho y que lo mejor era que siguiéramos nuestro camino.

2.- Esta no es algo puntual, pero me sucedió en varias ocasiones que algunas personas, cuando hablamos, presumían de que tal o cual abuelo era gallego o asturiano. Yo no me podía reprimir las ganas y tiraba en cada una de estas ocasiones de genealogía, muy ufano: "Mi tatarabuelo era de La Habana". Y en Cárdenas, haciendo gala de apellido, el efecto era multiplicador.

3.- En el Museo de Naipes, sito en una esquina de la Plaza Vieja, en la Habana, que algunos pudisteis visitar con motivo de su inauguración en 2001, viví uno de los momentos más divertidos. Allá por 1999, cuando el tío Javi (Javier de Cárdenas y Chávarri) tenía entre manos el proyecto, en casa vimos clara la manera de contribuir. Resulta que, en 1985 o 1986, en la guardería donde yo hacía preescolar, la fiesta de fin de curso se articuló sobre el mundo fantástico de Alicia en el País de las Maravillas. Tenía que ir disfrazado de carta y mi padre (Juaco), haciendo gala de sus artes pintoras, me convirtió, por unas horas, en el Rey de Corazones. Desde entonces, no he vuelto a serlo... Aquél disfraz, que estaba armado con dos cartulinas y unas cintas de tela, estuvo guardado muchos años en nuestro baúl de los disfraces.


Llegado el momento que os cuento, aparezco en el museo, con el propósito principal de hacerme la foto con el disfraz que, para más inri, está colocado sobre un cartón pluma con forma de pequeñuelo que lleva una foto mía de entonces. Mientras me retrataba, las funcionarias de la Oficina del Historiador de La Habana encargadas del museo estaban muy extrañadas y empezaron a murmurar. Les dije que ese chiquillo era yo, les expliqué el parentesco con quien para ellas es "Don Javier de Cárdenas". No terminaban de creerlo, así que sacaron el libro de firmas, donde empecé a identificar familiares e, incluso, la firma de mi padre con ocasión de la inauguración. Dejé mi propia firma.


Por si no fueran suficientes evidencias, me acordé de que en la cara interior de las cartulinas le había escrito una dedicatoria en la que le cedía al tío Javi, muy gustoso, el disfraz con el que había sido, Rey de Corazones. Se la enseñé. Se abrió el cielo, iluminó sus entendederas y todo quedó patente. Fue como una revolución, digooo, revelación.


Entonces ya empezaron con esos comentarios que denotan el tino a la hora de hacer comparaciones y sacar parecidos. "Sí, sí -decía una- fíjate cómo es igual de nariz para abajo". Otra replicaba: "Las cejas, las cejas, son iguales". Y para que quede constancia, he aquí la foto que da fe.

4.- En Santiago de Cuba, dormí en un hotel de la cadena Islazul, que no son precisamente turísticos. En un momento que bajé a la recepción, para reclamar que no llegaba el agua al quinto piso (ni soñar pedir que al menos fuera caliente) nos encontramos que trataban de entenderse con un chino que no hablaba ni inglés ni español y que necesitaba un taxi a las 4 de la mañana para ir a la estación de autobuses. Todo un espectáculo. No podría reproducir la conversación, pero seguro que Canel y Tatín podrían imaginar uno divertido.

5.- Otra de policías de tránsito. Circulando a través de un pueblo, nos dan el alto de nuevo. Al parecer, íbamos un poco pasados porque había una señal de peligro referida a la cercanía de una escuela. El tipo nos saludó muy amable y nos tendió la mano. Pidió nuestra documentación y la del coche. Serían las 10 de la mañana. Mientra revisaba los papeles nos comentó que su turno había terminado media hora antes y que estaba esperando a alguien para irse a casa, sin intención de parar a nadie. Pero,como en todo pueblo, hay un ancianete que pasaba las horas mirando la carretera. Le dió el aviso y nos confesó que nos había parado "para que luego no diga que no trabajamos". Nos explicó que, justo ese día, era su cumpleaños y que sólo pensaba en llegar a su casa para pasar el día con sus hijos "que sólo me piden caramelos". Total, que con el capuchon del boli puesto, se dedicó a hacer que escribía y, no contento con la pantomima, me invitó a participar simulando que firmaba un papel. Y tras cinco minutos de animada charla, nos dejó marchar.

6.- Esta última no es especialmente graciosa, pero sí tengo claro el recuerdo. El pasado domingo, último del ciclo litúrgico, festividad de Cristo Rey, pude oir misa en Santiago de Cuba. Aparte de la emoción que sentí, parecida a la que me recorrió el cuerpo cuando oí misa por primera vez en un país de Hispanoamérica (fue en México), por la sensación de ver que lo que se sembró hace más de 500 años aún sigue vivo, hubo dos momentos curiosos. El primero, con el canto de entrada, que se me antojó toda una declaración de intenciones: "Mi reino no es de este mundo donde imperan generales..." (Cambiese generales por comandantes y listo).

Lo segundo interesante fue la homilía. Antes de hablar de las características del Reino de Dios (eternidad, justicia, gracia, universalidad...etc) el sacerdote se vió en la necesidad de explicar qué es una monarquía. Fue un gran impacto. Probablemente fuera necesario, por la pobre instrucción que tienen, pero también puedo asegurar que tienen una forma de vivir la Santa Misa que ya me guataría ver en España muchas veces.

Y hasta aquí algunas de las tribulaciones de un tataranieto de habanero por Cuba. Evidentemente hay algunas cosas mucho menos agradables, pero esas quedan para otra ocasión.

Un saludo a todos

Nicolás

9 comentarios:

Anónimo dijo...

¡Fenómeno!

Canel.

Anónimo dijo...

¡Bien Nicolás!
Desde La Habana, un abrazo muy fuerte
El tío Javi

Anónimo dijo...

Estupendo tu reportaje, ¡gracias por hacernos pasar un buen rato!
Un abrazo, Marina

Anónimo dijo...

Qué de anécdotas, me ha encantado. ¡Y qué chulas la dos fotos!

Tere dijo...

Nicolás ¡Enhorabuena por la Crónica de las tribulaciones!. Me has hecho pasar un rato estupendo. Se te echaba de mnos en el blog. Tere

Anónimo dijo...

Me ha parecido extraordinario, sigue así Nicolas. Un abrazo

Margari Cardenas dijo...

Nicolás, ya era hora que volvieras al blog. Te estábamos echando mucho de menos .Menos mal que te has animado a escribir otra vez porque lo pasamos muy bien con tus historias. Besos Margari

Anónimo dijo...

Nicolás: He pasado por el Museo de Naipes y todas las empleadas me han contado tu paso por allí. Gracias por tus comentarios en el album de firmas.
Un abrazo
El tío Javi

Nicolás de Cárdenas dijo...

Jajaja y mira que les costó.. No me hicieron la prueba del ADN de milagro...

Un abrazo,

Nico