lunes, 12 de mayo de 2008

SANTIAGO VOLADOR (1ª PARTE)

Bueno, pues allá va lo prometido.

Lo primero es que el Santiago de Cárdenas del que se tratará no es ni Guillén ni Díaz de Espada. Si cité a un Santi Cárdenas (lo reconozco) fue para mantener la tensión entre los posibles futuros lectores. Aunque, como veremos, no mentí.

Lo segundo es que, aunque es sabido que el refranero hispánico clasifica a los idiotas en dos categorías; una la de los que prestan libros y otra la de los que los devuelven, deduzco que debe existir un error en tal taxonomía, porque no aparece el grupo en el que me incluyo. En efecto, pertenezco a un exigüo colectivo (como se dice ahora) en el que sus miembros, además de prestar sus libros... devuelven los que les han prestado.

Lo tercero es que lo anterior viene a cuento de que quiero hacer constar que mi narración ha salido de mi memoria. Hace unos años yo tenía en mi librería un texto, en 4 tomos, llamado Tradiciones Peruanas, cuyo autor fue Ricardo Palma (finales del XIX, principios de XX), probablemente el más importante polígrafo peruano (perulero, como él dice), además de ser propietario de un lenguaje casticísimo (español y criollo) y de un socarrón sentido del humor. Tal y como se puede suponer tras la lectura del párrafo anterior, los mencionados 4 tomos ya no duermen en los plúteos de mi biblioteca, así que, como digo, lo que he de narrar lo haré de memoria (Mi enhorabuena al cabrito del prestatario y mis disculpas a vosotros si alguno de los detalles no atino a recordarlos como debería).

Las Tradiciones Peruanas deberían ser obligatorias. Cada una de ellas no ocupa más allá de 5 ó 6 páginas y son curiosísimas y muy divertidas e ilustrativas. Además aparecen como diez o doce Cárdenas en total en diferentes episodios. Por poner una pega, tal vez el estilo sea un poco denso, porque Ricardo Palma está aún en el romanticismo sudamericano, pero os aseguro que merece la pena tener ese libro en casa y echarle una ojeada de vez en cuando.

Lo cuarto es que Santiago Volador es un personaje del guignol del Perú. Algo así como el Gorgorito de nuestros tiempos. Lo curioso es que, de la más de media docena de personajes que componen el elenco guiñoleril peruano, Santiago Volador es el único que tiene un origen humano auténtico.

Porque, y ahí va lo quinto y último, Santiago Volador, además de ser tema y nombre de una de las Tradiciones que nos cuenta Ricardo Palma, es el mote de un personaje real que vivió en Lima en el siglo XVIII y cuyo verdadero nombre era el de ... Santiago de Cárdenas.

Santiago de Cárdenas nació en la capital peruana a principios del siglo XVIII. Su padre, aunque practicaba el oficio de remendón, no ganaba suficiente como para subvenir a su hijo en las necesidades propias de un molzabete, ni en lo material ni en lo espiritual, por lo que nuestro protagonista, prácticamente aún en la niñez, abandonó el hogar familiar (no sé si huyendo del hambre o expulsado por su padre), con el estómago vacío de alimentos y el caletre de conocimientos, enrolándose como grumete en una embarcación que navegaba a lo largo de la costa del Pacífico.

Pobre e ignorante pero, como veremos, dotado de una habilidad manual y de una inteligencia nada habituales (me refiero a que no son habituales extramuros de quienes llevamos el apellido Cárdenas), dejamos por ahora aquí a Santiago y...

Continuará.

canel.

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