¡O -como ya sabemos desde el final de la 2ª parte- vuelas o te matamos a pedradas".
El pobre Santiago, ante el temor de verse lapidado por aquellos energúmenos cuyas intenciones no se habían siquiera molestado en disimular con eufemismos, forcejeó con ellos y logró escabullirse hasta llegar a la catedral, lugar sagrado donde se encontraba plenamente a salvo pues un posible agresor en tal terreno hubiese incurrido en espeluznante sacrilegio. Pero la realidad era que el respetable se había apostado a la puerta del templo, dispuesto a cumplir con sus pétreas amenazas con una densa drea en cuanto el volador ful traspasase el umbral de su litúrgico refugio.
El alboroto alcanzó tal intensidad en Lima que el mismo virrey hubo de enviar un piquete de soldados de su propia guardia, para que rescatasen a Santiago de su provisional guarida.
El saldo de este episodio tragicómico (piénsese en cómo quedaría moralmente Santiago al ver desacreditado por un bromista todo un esforzado trabajo de años), fue la rechifla general, el apodo de Santiago Volador con el que desde entonces se le conoció y la perdida de interés de D. Manuel Amat por el proyecto aéreo
Pero nuestro hombre, como buen inventor de raza, no se arredró ante esas dificultades y dirigió un nuevo memorial al virrey en el que se centraba ya la posibilidad de viajar desde Lima hasta Madrid, haciendo escalas en la ciudad panameña de Portobelo (¡Marina! ¡No me digas que estás metida en este asunto!) y en las Azores, en sólo tres jornadas. Esto, claro, basándose en el vuelo de la tijereta, porque afirmaba que si se lograse mejorar el sistema hasta imitar el vuelo del cóndor, se conseguiría hacer el trayecto en sólo un día.
El virrey, como anticipé, se negó a avanzar en este proyecto. Al ridículo de la nonata exhibición y al desprestigio que supuso para el pionero volantín su nuevo mote, se unió el penoso hecho de que un mórbido furor volátil parecía haberse apoderado de Santiago, habiendo llegado el pobre a la insensatez de decorar la fachada de su tienda limeña de guantes, chapines y bonetes, con un retrato suyo de cuerpo entero en que aparecía su cuerpo gentil emplumado, como si de un pájaro se tratase. El definitivo "no ha lugar" del virrey estaba más que previsto.
No se desanimó "el Volador" y, erre que erre, preparó un libro dirigido a Su Católica Majestad D. Carlos III que, además de incluir los dos memoriales anteriores, ampliaba la información e incorporaba planos y dibujos. El final del texto contenía una especie de diálogo al estilo de un catecismo donde el autor planteaba (y, claro, daba la correspondiente respuesta) una serie de dudas que le podrían surgir al posible lector entre las que, con tierna candidez, incluía el denodado inventor también las preguntas intencionadas o irónicas que le hacían quienes querían mofarse de él.
Parece que ahora estaba financiado o, cuando menos, apoyado por comerciantes criollos (que debían haber perdido el rigor intelectivo) y que un noble español que andaba por Perú, pero que había de volver pronto a la Península, se haría cargo de la presentación del texto a Su Majestad. Pero al final todo se resolvió en que, una vez terminado este trabajo, no fue posible encontrar al aristócrata pues, tal vez, se había vuelto a Europa sin esperar a que Santiago hubiese escrito la palabra FIN en la última página.
Poco tiempo después Santiago de Cárdenas (a) Santiago Volador, ahora ya ayuno sólo del éxito que con tanto ahínco había buscado, consiguió, por fin, remontar el vuelo. Como su cuerpo estaba metro y medio bajo tierra, se encargó su espíritu de realizar la volada definitiva. Me deprime pensar que la causa de su muerte fuese la pena que le produjo el no haber podido llevar adelante su apuesta vital.
Ricardo Palma, al escribir esta Tradición, se deshace en elogios hacia la inteligencia natural de Santiago. Además afirma que no es un embaucador o un falsario, sino que del texto se deduce que Santiago estaba convencido de ser más que posible lo que pretendía en sus memoriales.
Nos dice el autor que tuvo delante el libro último que escribió Cárdenas con destino a Carlos III y que, aunque adolece de una muy mala caligrafía y de una forma de expresarse poco académica, a cambio es perfectamente claro y entendible. Dice también que el libro, bastante deteriorado, pertenece a la Biblioteca Nacional peruana y que le faltan algunas páginas y, en concreto, ilustraciones. Una pena.
Nada más. Por si a alguien le ha dejado esta historia un cierto amargo sabor de boca, recordaré que Santiago de Cárdenas, a través del personaje llamado Santiago Volador es, con seguridad, el único Cárdenas que lleva más de dos siglos y medio colaborando en que los niños sean felices. A lo mejor sabía lo que hacía ¿No?
Perdón por los errores de mi memoria y gracias por leerme.
Canel.
5 comentarios:
Me voy a hacer un comentario a mí mismo (o "en propia meta", que dicen los cronistas futbolísticos).
Gracias Marina y Tere.
Y a tí, Marta, más gracias todavía. No me habían dedicado palabras tan bonitas desde que terminó la campaña electoral. Por cierto; tú si que te has ganado una copichuela y no tus tíos.
Un beso a las tres (no a las tres de la tarde, sino a las tres personas humanas).
Canel.
¡Fantástico! Enhorabuena Canel y gracias por hacernos volar mientras leíamos el relato. Besitos para Almudena.
Canel, no te lo vas a creer!! Recordando, recordando, el libro de Ricardo Palma, también lo tengo yo en casa.
Y , efectívamente, está la historia completa de Santiago el Volador, incluso una cancioncilla de la plebe, que hasta el Santo Oficio de la Inquisición tuvo que tomar cartas en protección de Santiago, con la cual Cárdenas servía de pretexto para herir la honra del prójimo:
Cuando voló una marquesa,
un fraile también voló,
pues recibieron lecciones de Santiago el volador.
Miren qué pava para el marqués !!,
Miren qué pava para los tres!!.
Besos para todos Elena
Y yo que me imaginaba un final en el que Santiago Volador no tenía otro escape que subir al campanario perseguido por el pueblo y de allí no tenía más remedio que tirarse "a volar" y caía en la plaza hecho tortilla o papilla o lo que sea...
Bueno, este sería otro final.
Un abrazo, Marina
En uno de mis viajes a Lima, me fui a Ica para tratar de llegar a las lines de Nazca. En el Hotel Las Dunas, en pleno desierto, y mientras rellenaba los papeles de entrada al hotel observe un folio en el que el gerente del hotel daba la bienvenida al pasajero. Y aquella bienvenida la firmaba...Gonzalo de Cardenas! Pedi hablar con el gerente y me recibio una persona joven, con muy buena pinta, y me conto qu su padre se llamaba Juan Manuel de Cardenas, y que era el que sabia datos de la familia.
Al llegar de vuelta a Lima me encontre con el. Era un ingeniero agronomo con aspecto de Lord ingles, y me conto que sus antepasados llegaro alli con Pizarro, de manera que para ser pariente nuestroteniamos que retroceder hasta la Espania de la conquista. Pero que era pariente...eso seguro. Supongo que serian parientes tambien de Santiago Volador, nuesro ya famoso primo en este blog. Pues bienvenido este primo a nuestras filas.
Besos a todos
Os quiero
Javi
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