Bueno, pues eso.
Que habíamos dejado a nuestro protagonista, aún niño, ayuno de cerebro y estómago y enrolado en un buque que, probablemente de cabotaje, recorría el Oceano Pacífico.
Por alguna razón, Santiago quedó desembarcado años después dedicándose desde entonces, en Lima, a los negocios de guantería, chapinería y bonetería en los que alcanzó gran éxito entre la alta sociedad, pues con su más arriba citada extraordinaria habilidad manual, conseguía obtener de una sola pieza textil un par de guantes, otro de chapines y un bonete, de lo que sus clientes se sentían sin excepción felices por quedar, claro, perfectamente a juego las tres prendas.
Lo que nadie sabía es que Cárdenas, en su tiempo libre, se escapaba a los montes de las afueras de Lima y estudiaba atentamente el vuelo de las aves. Como fruto de sus observaciones durante unos cuantos años concibió, basado en concreto en el vuelo de la tijereta, una máquina capaz de transportar al hombre por el aire.
Presentó, probablemente a través de alguno de sus clientes perteneciente a la nobleza criolla, un memorial ante el virrey Amat (el famoso amante de "La Perricholi") donde explicaba el qué y el cómo de su máquina y solicitaba, naturalmente, dinero para llevar a cabo su proyecto. Lo curioso es que D. Manuel Amat leyó el documento y se lo tragó, por lo que cursó instrucciones a las autoridades científicas de su virreino para que oyesen a Cárdenas y apoyasen económicamente su proyecto.
El dictamen de los académicos peruanos tuvo de todo: Cárdenas era un hombre muy inteligente y el plan era excelente; pero sobre las posibilidades de que el hombre volase la opinión técnica era la de que "verdes las han segao".
Ocurrió lo que tenía que ocurrir en una ciudad colonial, tal como era la Lima del siglo XVIII, pequeña y en la que todo terminaba sabiéndose. Así que en cierto momento, en los mentideros capitalinos el cruce de dimes y diretes entre el inventor y la Academia se convirtió en fuente permanente de hablillas y rumores.
Y, como era de esperar, apareció un chusco de los que nunca faltan y siempre sobran, afirmando que, en cierto domingo concreto, Santiago de Cárdenas volaría desde uno de los cerros cercanos a Lima hasta la Plaza de la Catedral.
En la fecha indicada la agitación era enorme, encontrándose la Plaza de la Catedral abarrotada de espectadores y las ventanas y azoteas de la ciudad atestadas de curiosos que esperaban el cárdeno advenimiento con, acaso morbosa, expectación. Pero Santiago de Cárdenas no apareció.
Al menos, Santiago de Cárdenas no apareció por vía aérea aunque sí, imprudentemente, estimulado por la curiosidad de saber a cuánta gente había movido el falso anuncio de su vuelo, se asomó andando por detrás del edificio de la Catedral.
Todo hubiera ido perfectamente de no haber sido porque una panda de harrapiezos le descubrió y reconoció no volando, como de él se esperaba en aquel momento, sino con ambos pies en el santo suelo y bien en el santo suelo. El descubrimiento de los mozalbetes corrió raudo entre el resto de los ocupamtes de la plaza que, en pocos minutos, rodearon al fallido volante.
Aquella masa humana al grito de: ¡O vuelas o te... !
(Concluirá)
3 comentarios:
Tengo que reconocer que una de las razones por las que yo entro en el blog es para ver si Canel ha escrito algo, así que el alegrón que me he pegado esta mañana al ver la historia en dos partes de Santiago Volador ha sido inmenso.
No hago más que decirle a mi madre que por qué no sabía nada de la existencia de este tío tan ingenioso y que escribe tan bien. Ella me explica con santa paciencia quién es hermano de quién y yo me hago un lío tremendo porque ya no sé cuántos tíos José Ramón o primos Ramón tiene mi madre, ni quién es la tía Riti o Alicia y ya el colmo es tener una tía Pili que en realidad es M.Ángeles... Voy a tener que rescatar el libro de los Cárdenas para verlo por escrito a ver si así mi capacidad de retención es mayor.
Y el hijo de Canel - primo del que no recuerdo ahora mismo el nombre- que escribió el otro día en la tertulia veo que ha heredado el don de su padre.
Enhorabuena a los dos. Espero con impaciencia la tercera parte de Santi Volador...
Besos
Marta
Por favor, Canel, ¡no nos dejes a medias! ¡Concluye!
Un abrazo, marina C.
Eso mismo iba a poner yo ahora. Tere
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