Rosa, que debió nacer en 1804, llegó a Cuba como esclava en 1819. También tuvo mala suerte, porque en 1820, por ciertos acuerdos anglo-hispanos, quedaron prohibidos los viajes de trata de esclavos.
El 20 de mayo de ese año fue bautizada teniendo por madrina a una tal Genoveva. En esa ceremonia fueron cristianados con ella otros 43 morenos (que es como en aquellas fechas se llamaba a los negros) bozales (morenos que no hablaban bien el castellano).
Todos los bautizados en aquel ritual trabajaban en un ingenio llamado Santa Bárbara, que era propiedad de la marquesa de Cárdenas de Montehermoso. Un ingenio es una finca dedicada al cultivo de la caña de azúcar (que no es un producto americano, contra lo que se suele creer, sino que los árabes la trajeron a España y nosotros la llevamos a América) que tenía, además de los cañamelares (¡vaya palabra bonita ¿Eh?!), los equipos técnicos para la producción no sólo de azúcar, sino también de ron, melaza o alcohol.
A Rosa, sólo dos semanas después de bautizarla (3 de junio), la casaron con otro moreno, congoleño (congo) como ella, que tenía un nombre absolutamente garciamarquezsino: José del Carmen Lucumí.
Pero aquel matrimonio, sin duda impuesto por los amos, no debió salir bien y en algún momento uno de los cónyuges repudió al otro. Lo que sí se sabe es que ella, en 1824, enterró en el cementerio del ingenio a una hija "de padre desconocido". Tal vez la relación en la que se engendró esa hija fue la causa del repudio, o acaso, tras ese repudio Rosa se consideró libre para mantener relaciones con quien no era su marido.
En 1844 aparece Rosa ahora en el ingenio Jesús María, colindante con el anterior y propiedad de D. Gabriel María de Cárdenas y Beitia (1803 -1858).
Jesús María es un núcleo de población que existe aún hoy en día en el municipio de Cidra correspondiente a la provincia de Matanzas. El ingenio, en su época, medía 33 caballerías (443,2 Has ) y llegó a tener más de un centenar de esclavos trabajando, porque los esfuerzos del 4º Marqués de Cárdenas de Montehermoso por mejorar la producción de la finca, le llevaron a comprar entre 1837 y 1839 la cantidad no pequeña de 65 bozales.
Los Cárdenas de Montehermoso pusieron en marcha, en este ingenio, técnicas de reproducción endogámica y mestizaje con los morenos. A principios del siglo XIX la posibilidad de traer nueva mano de obra esclava era difícil y cara (ya cité los acuerdos que entrarían en vigor en 1820). Entonces algunos propietarios instalaron lo que en Cuba se llamaron “criaderos de criollitos”, que no eran otra cosa que almacenes de niños, futuros esclavos, que habían sido engendrados en el mismo ingenio, muchas veces por las forzadas relaciones que las negras tenían con los trabajadores y capataces blancos. En Jesús María llegó a haber hasta 200 negritos.
Antes de 1854 Rosa debió ser manumitida porque en ese año pidió permiso a la municipalidad de San Felipe y Santiago del Bejucal (hoy Bejucal, provincia de La Habana) para solar un terreno urbano, permiso que le fue concedido..
El 27 de septiembre de 1882 Rosa murió, siendo enterrada al siguiente día. La iglesia anotó en la partida de enterramiento: “… natural de África, de nación conga, viuda del moreno José del Carmen Lucumí, de cuyo matrimonio deja como su legítimo hijo a uno llamado Antonio José, ya difunto según consta del oficio de sepultura que se mandó a este archivo, mas según cláusula testamentaria es soltera y tenía setenta y ocho años” Así que aquí aparece una novedad sobre su vida, consistente en un hijo que, como la niña más arriba mencionada, también murió.
14 días antes de morir Rosa, sintiéndose enferma (“algo achacosa”), se presentó ante el notario de Bejucal, D. Gaspar Barona Acosta, que redactó para ella un testamento en el que afirma, además de que está en posesión de sus derechos civiles, que es soltera (¿), que ni ella debe a nadie ni nadie le debe a ella y que tiene, por toda propiedad, un solar con una casa de tabla y guano (en realidad un bohío con las paredes de tablas y el techo de palmas) en el nº 25 de la Calle Nueva por el que paga 5 pesos al año de contribución.
Deja su propiedad a la parroquia de la ciudad con la condición de que se haga cargo de su entierro y, si sobrase algo, lo dedique la parroquia a la salvación de su alma.
Terminada la lectura del borrador del testamento el notario se dirigió a Rosa:
- Bueno, Rosa, todavía nos falta un dato importante: ¿Cómo te llamas de apellido?
Y Rosa, con la voz agotada de quien ha vivido y sufrido docenas de inhumanas zafras respondió:
- Cárdenas, señor; Rosa Cárdenas.
Jesús María es un núcleo de población que existe aún hoy en día en el municipio de Cidra correspondiente a la provincia de Matanzas. El ingenio, en su época, medía 33 caballerías (443,2 Has ) y llegó a tener más de un centenar de esclavos trabajando, porque los esfuerzos del 4º Marqués de Cárdenas de Montehermoso por mejorar la producción de la finca, le llevaron a comprar entre 1837 y 1839 la cantidad no pequeña de 65 bozales.
Los Cárdenas de Montehermoso pusieron en marcha, en este ingenio, técnicas de reproducción endogámica y mestizaje con los morenos. A principios del siglo XIX la posibilidad de traer nueva mano de obra esclava era difícil y cara (ya cité los acuerdos que entrarían en vigor en 1820). Entonces algunos propietarios instalaron lo que en Cuba se llamaron “criaderos de criollitos”, que no eran otra cosa que almacenes de niños, futuros esclavos, que habían sido engendrados en el mismo ingenio, muchas veces por las forzadas relaciones que las negras tenían con los trabajadores y capataces blancos. En Jesús María llegó a haber hasta 200 negritos.
Antes de 1854 Rosa debió ser manumitida porque en ese año pidió permiso a la municipalidad de San Felipe y Santiago del Bejucal (hoy Bejucal, provincia de La Habana) para solar un terreno urbano, permiso que le fue concedido..
El 27 de septiembre de 1882 Rosa murió, siendo enterrada al siguiente día. La iglesia anotó en la partida de enterramiento: “… natural de África, de nación conga, viuda del moreno José del Carmen Lucumí, de cuyo matrimonio deja como su legítimo hijo a uno llamado Antonio José, ya difunto según consta del oficio de sepultura que se mandó a este archivo, mas según cláusula testamentaria es soltera y tenía setenta y ocho años” Así que aquí aparece una novedad sobre su vida, consistente en un hijo que, como la niña más arriba mencionada, también murió.
14 días antes de morir Rosa, sintiéndose enferma (“algo achacosa”), se presentó ante el notario de Bejucal, D. Gaspar Barona Acosta, que redactó para ella un testamento en el que afirma, además de que está en posesión de sus derechos civiles, que es soltera (¿), que ni ella debe a nadie ni nadie le debe a ella y que tiene, por toda propiedad, un solar con una casa de tabla y guano (en realidad un bohío con las paredes de tablas y el techo de palmas) en el nº 25 de la Calle Nueva por el que paga 5 pesos al año de contribución.
Deja su propiedad a la parroquia de la ciudad con la condición de que se haga cargo de su entierro y, si sobrase algo, lo dedique la parroquia a la salvación de su alma.
Terminada la lectura del borrador del testamento el notario se dirigió a Rosa:
- Bueno, Rosa, todavía nos falta un dato importante: ¿Cómo te llamas de apellido?
Y Rosa, con la voz agotada de quien ha vivido y sufrido docenas de inhumanas zafras respondió:
- Cárdenas, señor; Rosa Cárdenas.
Canel
1 comentario:
Pero lo que aprende uno leyendo este blog, madre mía... yo no sabía lo que era un ingenio, me ha encantado.
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