Segunda, de primera
No hace mucho mi padre (Juaco) me contaba las peripecias de Segunda, una mujer que ayudaba a mi abuela (Riti Cobián) en las tareas del hogar. Su padre era el mayoral de los duques de Veragua y presumía de haber flirteado en alguna ocasión con un joven Alfonso XIII con motivo de unas maniobras militares cerca de Valdemoro, su pueblo natal. Segunda tuvo una hija con un noviete que se dio a la fuga y que casó con otra mujer a la que muy solemne llamaba “la madre de mi hija”.
La familia de Segunda era muy particular. Tenía un hermano llamado Mario que era enterrador. Un día, conduciendo en su carromato a un finado, se cruzó con un vecino. ¿Dónde vas tan deprisa, Isabelo, si no traes nada? “Se me debe haber caído en un bache”, respondió. Y usted se preguntará si se llama Mario o Isabelo. Tiene su guasa. Sus padres habían acordado llamarle Mario, pero el día del bautizo, el progenitor, todo curda, le inscribió como Isabelo en el registro. Pasaron los años hasta que fue llamado a filas. Dos soldados se presentaron en su casa preguntando por Isabelo y nadie supo dar razón hasta que se deshizo el entuerto. A partir de entonces, Segunda le llamó Isabelo “porque bajo ese nombre había servido al Rey”.
Y como no hay enterrador que no acabe habitando dos palmos bajo tierra, Mario Isabelo murió. Segunda decía que ese día “estaba muy guapo”, pero que el seguro de entierro que había apalabrado no le hacía justicia. “Estaba metido en una caja gris, en cuatro tablas mal clavadas y al enterrarlo se desfondó. Antes de que llegara la caja abajo Isabelo ya estaba en el agujero”, recordaba Segunda con pesar.
Contaba ella al morir su hermana que era más buena que mojar pan en aceite de oliva. El día del deceso, encontró una caja llena de alhajas entre las que se encontraba un abanico. ¡Mi abanico!, decía Segunda, que acto seguido, sentenciaba: “Sería buenísima, pero en el infierno se estará chamuscando por habérmelo robado”. Segunda, de primera.
No hace mucho mi padre (Juaco) me contaba las peripecias de Segunda, una mujer que ayudaba a mi abuela (Riti Cobián) en las tareas del hogar. Su padre era el mayoral de los duques de Veragua y presumía de haber flirteado en alguna ocasión con un joven Alfonso XIII con motivo de unas maniobras militares cerca de Valdemoro, su pueblo natal. Segunda tuvo una hija con un noviete que se dio a la fuga y que casó con otra mujer a la que muy solemne llamaba “la madre de mi hija”.
La familia de Segunda era muy particular. Tenía un hermano llamado Mario que era enterrador. Un día, conduciendo en su carromato a un finado, se cruzó con un vecino. ¿Dónde vas tan deprisa, Isabelo, si no traes nada? “Se me debe haber caído en un bache”, respondió. Y usted se preguntará si se llama Mario o Isabelo. Tiene su guasa. Sus padres habían acordado llamarle Mario, pero el día del bautizo, el progenitor, todo curda, le inscribió como Isabelo en el registro. Pasaron los años hasta que fue llamado a filas. Dos soldados se presentaron en su casa preguntando por Isabelo y nadie supo dar razón hasta que se deshizo el entuerto. A partir de entonces, Segunda le llamó Isabelo “porque bajo ese nombre había servido al Rey”.
Y como no hay enterrador que no acabe habitando dos palmos bajo tierra, Mario Isabelo murió. Segunda decía que ese día “estaba muy guapo”, pero que el seguro de entierro que había apalabrado no le hacía justicia. “Estaba metido en una caja gris, en cuatro tablas mal clavadas y al enterrarlo se desfondó. Antes de que llegara la caja abajo Isabelo ya estaba en el agujero”, recordaba Segunda con pesar.
Contaba ella al morir su hermana que era más buena que mojar pan en aceite de oliva. El día del deceso, encontró una caja llena de alhajas entre las que se encontraba un abanico. ¡Mi abanico!, decía Segunda, que acto seguido, sentenciaba: “Sería buenísima, pero en el infierno se estará chamuscando por habérmelo robado”. Segunda, de primera.
PD: este artículo ha sido publicado en "La Gallina Ilustrada" del mes de febrero de 2008, periódico satírico de la revista Chesterton, que os recomiendo vivamente.
No hay comentarios:
Publicar un comentario