lunes, 20 de abril de 2009

AL FIN MI TESIS (y III)

Dejamos el capítulo anterior preguntándonos, con lo que hasta ese momento sabíamos, qué movía a Fernando a casarse con Isabel. Algo muy fuerte debería ser para cerrar los ojos ante tantos contratiempos e impedimentos.

Aragón era un reino de buen nivel. No estaba en un momento tan alto como lo había estado en el siglo XIV, pero era una nación respetada que mantenía una importantísima red de prestigiosos consulados en todo el Mediterráneo. Cuando los turcos degollaron al cónsul aragonés en Constantinopla, la corona se limitó a nombrar uno nuevo. La agresión había sido contra la persona, no contra la institución consular.

Ahora, con la aparición de los osmanlíes en el Mare Nostrum, los nada inexpertos comerciantes catalanes habían girado la cabeza hacia el Atlántico y ya negociaban con las ciudades del norte de Europa, estableciendo, incluso, un consulado en Brujas para todo el Mar del Norte.

Mantenía Aragón alguna guerra civil en su interior, pero, en fin, nada grave si consideramos que eso estaba pasando en todas las unidades políticas europeas que sufrían las convulsiones propias de los momentos previos a su eclosión como naciones europea. Pero en el ámbito internacional Aragón estaba aún en la cresta de la ola apretando a los Estados Pontificios o a las ciudades-estado de la península Itálica con auténtico poderío.

En el terreno cultural, el reino no había aflojado un ápice en comparación con sus mejores momentos y en las ciencias hay que decir que, por ejemplo, el padre de Fernando el Católico, se operó exitosamente de cataratas en ambos ojos. Los Consulados del Mar, de origen aragonés habían dado la pauta para constituir un embrión de derecho mercantil internacional.

Políticamente se mantenían en adecuada tensión, con unas cortes en plena forma y en absoluto sumisas a los deseos del rey.

Pero Castilla… En Castilla se había caído en la más abyecta degradación moral; los nobles mandaban más que la corona y, ellos mismos, mantenían guerras intestinas en Galicia, País Vasco, Andalucía… En la Tierra de María Santísima, donde no había conseguido avanzar la frontera más que unas decenas de kilómetros desde tiempos de Fernando III, había más muertos por enfrentamientos entre cristianos que por choques con el invasor moruno. En lo que hoy es Castilla-León, ciudades tan importantes como Valladolid pagaban “protección” para no ser asoladas por ciertos bandoleros. Se permitía a los nobles juzgar casos en los que ellos mismos eran parte interesada y el rey nombraba digitalmente procuradores para las Cortes que deberían haber sido nombrados por las ciudades. Como los reyes concedían mercedes en cantidades inimaginables, decenas de nobles habían obtenido (o como premio o para tenerlos contentos) el derecho a acuñar moneda en sus propias cecas; debió haber tal profusión de ellas que se produjeron tres consecuencias naturales: la primera que en las cocinas de las casas dejó de haber cacharros metálicos pues todos fueron llevados a las casas de moneda para convertirlos en monedas. La segunda que el consiguiente exceso de moneda llevó la inflación hasta el argentino nivel del 1.100 % anual (en letras por si alguno no lo ha pillado: el mil cien por ciento anual) y, por último, que la brutal inflación hizo que la moneda no tuviese valor y se volviese, para vergüenza de los gobernantes, a una paleolítica economía de trueque.

No se puede resumir el desastre que era Castilla, si alguno tenéis interés le remito (y a a todos os aconsejo) a una carta que Fernando del Pulgar escribe al Obispo de Coria, D. Francisco de Toledo, a mediados del siglo XV y que es fácil encontrar en internet. Yo, que soy muy bruto para estas cosas (y para otras) he escrito en la ventanita de Google carta “Fernando del Pulgar” “Obispo de Coria”; he apretado SEARCH y me han salido unas cuantas referencias.

Desde luego, la carta de Pulgar es demoledora y pone la carne de gallina.

Así que vuelvo al principio de este capítulo y me pregunto qué coño (perdonadme, pero es que ya las cosas se han puesto de forma tal que claman al cielo) buscaba Fernando en Castilla.

Lo curioso es que todos los historiadores tienen su hipótesis y presentan teorías alambicadísimas que justifican, según ellos, tan extraño matrimonio. Que si evitar una posible pinza entre Portugal y Francia, que si lograr la unión entre Portugal y España, que si ya estaba madura la unidad peninsular y, naturalmente, tantas memeces como historiadores.

Pero yo no trago. Me quieren hacer creer que un rey-príncipe sale de su tierra, para casarse, a escondidas de los poderosos de ella que se oponían a la boda. Llega a la tierra de su novia, jugándose la vida, donde los poderosos tampoco le quieren ni a él ni al matrimonio. La novia es pobre, pero es que la tierra a la que llega es paupérrima. Para poder ser rey de esa tierra paupérrima debe morirse el rey actual, que es joven aún y, después, mantener una inevitable guerra civil. Como es lógico, tiene que ganar esa guerra y, para que no falte de nada, el Papa (¡nada menos que el papa!) también se opone a la boda.

Como tampoco era, por lo que sabemos, Isabel una Elsa Pataki, no encuentro absolutamente ninguna razón histórica para que se celebrase esa pintoresca boda.

Histórica no, pero sí humana. Estoy convencido de que este extraño matrimonio fue enjaretado por dos mujeres casamenteras. Por un lado Juana Enríquez, la madre del novio y, por otro, Teresa Enríquez, la íntima amiga de la novia. Tía y sobrina, como bien nos hizo saber Juaco. Nunca un historiador podría haber llegado a una conclusión tan poco científica pero, para quien da su auténtico valor al “factor humano”, tan sólida.

Esa es mi tesis: LA UNIDAD DE ESPAÑA SE FORJÓ POR DOS MUJERES CASAMENTERAS, UNA DE LAS CUALES, TERESA ENRÍQUEZ, ERA ANTEPASADA DE LOS CÁRDENAS.

Bueno; pues eso es lo que hay.

Canel.

NOTA: Si, ya sé que podía haber sido más breve ¿Qué pasa?

3 comentarios:

Tere dijo...

Creo que a todas estas historias se les podía poner la etiqueda de "Lecciones Magistrales" ¿No os parece?

Tere

Juaco dijo...

¿Que qué pasa? Pasa que no nos importaría que hubiera sido más largo.Ha sido una auténtica delicia.Por favor, Canel, no cejes, pues si cejas, fastidiados nos dejas.Ea.

Marta Olea Cárdenas dijo...

Divertidísimo. Hacía tiempo que no entraba en el blog y me le leído los 3 capítulos de golpe.

Besos desde China