miércoles, 16 de septiembre de 2009

Lolita... hija mía.

Ahora os voy a refrescar un poco la memoria con un personaje de nuestra familia que, seguramente, alguno de vosotros recordará por sus fachendosos andares.
La conocí, porque era mujer (¡y qué mujer!), una buena mañana en que, caballero sobre mi Vespa 250, giré mi cabeza a la derecha y allí la descubrí sentada en el interior de mi sidecar (pronúnciese saidcar si se sabe inglés; en caso contrario basta con saicar) y sonriendo como una boba.
Tras las preguntas oportunas descubrimos que ella se llamaba Lolita de nombre y llevaba el de Cárdenas como vigésimo primer apellido. Entonces pusimos un fax al papa a fin de que nos otorgase las correspondientes licencias matrimoniales.
Pero el papa se negó en redondo alegando cuestiones de no mayor importancia que un quítame allá esas pajas.
Sabido que hube que nuestra boda era imposible, conminé a Lolita a que abandonase mi sidecar pues me hacía falta ese espacio para transportar una docena de petit suisses de nata que le había prometido a mi vecino Angelín por celebrarse en aquella fecha la onomástica de su mamá política.
Pues bien; allí empezaron los problemas. Resulta que Lolita había quedado tan bien empotrada en el sidecar que parecía como falcada. No podía moverse y sus abundosas carnes, ya en rodajas ya en michelines, se habían introducido por la mecánica del vehículo, de manera que cada movimiento suyo suponía un dolor para su cuerpo y un riesgo de rotura para mi sidecar.
Así que la descerrajé un tiro en la nuca y abandoné moto y sidecar a la puerta del tanatorio (como si de una inclusa se tratare pero con muerto en vez de con niño).
Desde entonces me traslado en autobús, pero a cambio me he quitado de encima a aquella Lolita a la que tanto amé (maguer no se me notase) y a que, a la postre, se fue al otro mundo sin cobrar los 7 duros que la debía.
¡Ea!
Canel.

2 comentarios:

Margari Cardenas dijo...

Canel, me he partido de risa, pero hijo, estás como una cabra. Menos mal que Lolita no llegó a ser mi cuñada. Prefiero a Almudena.

Pachi dijo...

Me ha dado verdadera pena no conocer a la prima Lolita, tan gordita ella, llena de michelines y enlatada y muerta en un sidecar.
Pobre Lolita. Creo que deberemos escribir de como y cuando llegó a ese estado de gordura