Bueno, pues nada.
Que iba yo andando por una amplia calle de esta Villa y Corte desde la que os escribo cuando, así, como de sopetón, me encontré entre zanja y zanja con un pollo que, a todas luces, debía ser un Cárdenas.
Me apropincué a él, preguntéle y, en efecto, si no era un Cárdenas propiamente dicho, sí es cierto que tenía unas relaciones con nuestra familia que, en pocas palabras, se pueden resumir en que había sido novio de una planchadora que trabajó unos meses para los barones de Almoradí, que vivían en la casa justo al ladito de aquella en que moraba un primo carnal del sargento de la banda del cuartel en que hizo la mili un concuñado de Pachi Cárdenas.
De ahí que se le hubiesen pegado algunas costumbres de las nuestras y que esa asimilación me hubiese llevado a mí al error de considerarle a él directamente un Cárdenas.
Abracéle emocionado e, inmediatamente, me di cuenta de que me había levantado la cartera. No me dolió el hecho en sí, sino en lo que significaba. En lo que significaba para mi economía, claro, porque con aquella cartera volaron las 180 piastras que llevaba al efecto de hacer frente al pago de la decimocuarta letra de la lavadora que mi señora había mercado en el acreditado comercio del ramo “La petite lavatrice”.
Me quedó muy buen recuerdo de este Cárdenas apócrifo al que me vengo refiriendo, porque era un hombre agradable en el trato (salvo la cuestión esta del latrocinio) y campechano como un Borbón. De mi relación con él me queda el saberme de memoria (a su dedicación y entrega se lo debo) la alineación del Chacarita Juniors C.F. el año en que quedó 4º en el campeonato de Liga Argentino.
Me contó muchas cosas de su vida que no puedo olvidar, como que sufría de hemorroides, que era proclive al ludibrio hacia los demás seres humanos (pero sobre todo si eran sus suegros) y que hacía ya cerca de dos semanas que no se confesaba a pesar de ser, como era, un réprobo malevo de proterva condición.
Pero fijaos como es la vida, aunque nada hacía presumirlo todo terminó mal para él. Un buen día, al levantarse de la cama, se le metió en un ojo un ladrillo refractario que había allí, en su alcoba. Las cosas fueron saliendo mal en una singular concatenación de errores. En vez de llamar al 112 marcó el 114 (claro, que por un ojo no veía bien del todo) y en lugar de los de Urgencias apareció la grúa municipal que se llevó al ladrillo y a su propietario. Cuando se aclaró el malentendido en vez de ir a un oculista fue a un podólogo. El podólogo le recomendó unas friegas en la espalda que, como era bracicorto, se las hubo de dar un vecino, negro, por cierto,… En fin, que ya digo que las cosas fueron saliendo mal hasta que, para terminar, le brotaron unos como buboncillos en el párpado, justo al lado de donde estaba alojado el ladrillo y el médico, para rebajárselos, viendo que otros tratamiento estaban resultando ineficaces, le bajó tres tiros en el corazón con lo que, en efecto, los mencionados buboncillos se le fueron rebajando hasta que el rigor mortis detuvo el deshinchamiento.
Y esto es lo que sé de este Cárdenas ful para el que me permito solicitaros una simple jaculatoria para la salvación (que dudo yo que se produzca) de su alma repugnante que Dios confunda.
Y ya está.
Canel.
4 comentarios:
Canel: Falete, ( no el cantante) sino mi amigo (nuestro amigo) y buen escritor, relataba en lo últimos años de "La codorniz", (que era la revista mas audaz para el lector mas inteligente), en una de sus páginas, escribia unas crónicas llamadas: "Tiemble despues de haber reido"
Pues bien Canel, tus crónicas son todo lo contrario de las de Falete. Te ries y luego tiemblas con el final, (la enlatada, que me dio mucha pena por gorda y enlatada y la otra pobre llena de bulbos y con tres tiros en el corazón) mira que eres burro. ¿no podías terminar tus historias de otra forma? Por ejemplo dándole un beso en los morros o invitándole a un viaje a Iguazu ( aunque luego la tires por las cascadas)
De acuerdo, Pachi.
Pero espérate a que vuelva de Ruidera.
Canel.
Gracias, Canel, por alegrarnos la vida. Eres nuestro anti-Elena Salgado.
Canel: Como sabes que no voy a Ruidera, es por lo que pospones tu comentario, pero ten cuidado que el otro día estuve hablando con "Polete" ("Polete": cuyo nombre original es Leopoldo, es un amigo de la familia, que veranea en Deba) y me dijo que se acordaba muy bien de lo del cohete. Tiembla Canel que lo cuento.
La verdad que la version de Leopoldo no concuerda con la realidad. por lo menos con mi realidad, la suya es mas suave. estate tranquilo Canel.
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