Probablemente por influencia de su tía Doña Juana entró Doña Teresa al servicio de la Princesa Isabel como Dama de Compañía. Enseguida hizo Doña Isabel buenas migas con su futura prima política, que se convirtió en su inseparable confidente y amiga. Aprovechó Doña Teresa su posición e influencia para ampliar el ámbito sus obras de caridad, e imprimió en el entorno de la Princesa y con su beneplácito un estilo de austeridad que contrastaba con el ambiente frívolo a que estaban acostumbradas las damas de la Corte. Y cuando por exigencias del protocolo debía lucir lujosos vestidos y costosas joyas es fama que decía:"Señor, ya sabes que a mí estos arreos nunca me pluguieron".
Don Gutierre de Cárdenas, un oscuro hidalgo de nobilísima estirpe pero de escasa fortuna, había sido introducido en la Corte de Enrique IV por su tío Gonzalo Chacón y nombrado Maestresala de la Princesa Isabel. Este Gonzalo Chacón es el que ,junto a su sobrino Don Gutierre, El Cardenal Mendoza y el Obispo Alonso de Burgos, protagoniza una de las "Coplas del Provincial", poesía satírica en la que se zahería a los políticos de la época:
"Cárdenas y el Cardenal
y Chacón y Fray Mortero
traen la Corte al retortero".
Al principio a Doña Isabel no le hizo ni pizca de gracia Don Gutierre porque era gordo y tenía "las manos bermejas", motivo por el que incluso hacía que comiera en otro aposento, pues no lo podía sufrir. Pero pronto las buenas cualidades de nuestro pariente fueron superando los escrúpulos de la Princesa hasta captarse su voluntad y simpatía, de forma que llegó a ser su más cercano consejero. Don Gutierre pronto se convirtió en el fiel paladín de Doña Isabel y en el más ardiente defensor de su matrimonio con Don Fernando de Aragón, a la sazón Rey de Sicilia, frente a los partidarios, encabezados por el propio Rey Don Enrique IV, de la boda con el Rey de Portugal. Es conocida la ofensiva diplomática que desplegó para este logro, y que alcanzó al propio Papa,(Aquí sí que podemos decir que removió Roma con Santiago) y los riesgos, incluso físicos, que corrió para traer al novio a Castilla, así como el final feliz de aquella aventura, culminada con el episodio del "ese es" que, hasta el presente, nos recuerdan las eses de la bordura de nuestro blasón.
El agradecimiento de los regios novios no pudo tener mejor manifestación que la de unir en matrimonio a sus dos más fieles sevidores, y hay que reconocer que sus Altezas estuvieron inspirados. Este regalo era un auténtico chollo para sus destinatarios pues él era, gorduras aparte, un buen mozo con un corto pero brillante currículum y un más que prometedor futuro, y ella una mujer bellísima (como lo atestigua el magnífico retrato que conserva la Casa Ducal de Maqueda), de esclarecido linaje, dotada de grandes prendas y virtudes, en definitiva la esposa ideal para el que llevaba camino de político de primera fila.
Y el experimento salió bien, pues fueron un matrimonio unido y feliz. Y teniendo una casa en Torrijos suponemos que comieron muchas perdices. Y alguna que otra torrija.
Continuará.
No hay comentarios:
Publicar un comentario