miércoles, 21 de octubre de 2009

ALONSO, EMBAJADOR (I)

Bueno, pues al toro que es una mona (o al turrón, que es de almendra, que quiero es lo mismo).
Alonso de Cárdenas (otro Alonso y bien importante, como veremos), llegó a Londres como agente especial de la corona hispana en 1635, siendo por entonces rey de España Felipe IV y de la Gran Bretaña el malhadado Carlos I Estuardo.

En 1640 pasa Cárdenas a ocupar el cargo de embajador de España ante la Corte de San Jaime (que se dice en los telediarios). En 1642 se inicia la revolución inglesa y en 1649, en enero, los rebeldes cortan la cabeza de Su Graciosa Majestad. En 1651, la monarquía española se convierte en el primer país europeo en reconocer al gobierno revolucionario de Oliver Cromwell. Debió ser un periodo histórico apasionante y, sobre todo, participando en él como embajador de una superpotencia, tal y como le ocurrió a nuestro Alonso.

En el mismo año de 1649 el Parlamento revolucionario, poco después de decapitar al rey, saca a la venta los bienes de la corona inglesa, incluyendo las obras de arte, para pagar las enormes deudas que había contraído el manirroto (y descabezado; je, je; o sea, en el doble sentido) monarca. Además, la nobleza más cercana a Carlos I (Arundel, Buckingham...) también había quedado arruinada, con lo que se vio obligada a poner a la venta, entre otras cosas, las obras de arte acumuladas en la familia durante, a veces, siglos.

Aquella salida de centenares de cuadros al mercado se conoció como la “Almoneda del Siglo”. Así, de esta forma inesperada, Londres se convirtió en el principal (por lo inmenso) mercado de arte de Europa y allí le cogió, en su puesto de embajador, a Alonso de Cárdenas. Y resultó que el diplomático salió francamente avispado: ya en 1645 había avisado a Madrid de que los sediciosos pensaban sacar a la venta los cuadros del duque de Buckingham y que pronto harían lo mismo con las colecciones reales.

Felipe IV, al ver la posibilidad de adquirir mucho arte a buen precio, dio las instrucciones pertinentes a su embajador.

1.- Debía comprar todo lo que pudiese de pintura antigua y “de opinión”.

2.- El embajador no podría acudir personalmente como comprador a la almoneda, que estaba en Somerset House y otros palacios londinenses, debiendo hacer sus compras en el mercado secundario.

3.- No podría saberse que el comprador era la Corona Española, sino que se debía acceder al propietario a través de personas interpuestas.

4.- El precio de compra debería ser menor, salvo excepciones, que el de mercado.

5.- El contacto de Cárdenas con Madrid sería D, Luis de Haro, Marques del Carpio (sobrino del difunto Conde Duque de Olivares y nuevo valido de Felipe IV), que decidiría como si fuese el mismo rey, aunque el marqués le dio a Cárdenas inmediatamente libertad de acción.

El encargo no parecía tarea fácil, pues lo que se le estaba pidiendo a Cárdenas era que consiguiese cuadros buenos pero baratos, obligándole a comprarlos a quienes los acababan de adquirir y, a veces, siendo necesario el empleo de intermediarios que, lógicamente, encarecerían el precio final. Pero las condiciones tenían su lógica, porque lo que no quedaba muy bonito era que el rey de España fuese tan “aprovechategui” como para sacar partido de la pérdida del trono (y de la cabeza) de otro rey europeo.

Pero bueno, la cuestión es que el embajador se portó como un tío.

Ya en diciembre de 1649, Cárdenas se dio un paseo por Somerset House (no a comprar, que lo tenía prohibido, sino a mirar) y envió un catalogo de piezas comprables a D. Luis de Haro (el ya citado nuevo valido Marqués del Carpio). Cada cuadro llevaba unos comentarios del propio Cárdenas que iban desde sus medidas y precio hasta la opinión personal del embajador, que parece que era bastante acertada.

Entre los sesenta y tantos cuadros del catálogo, destacaba la Sagrada Familia (Museo de El Prado), de Rafael, que se había tasado en 3.000 libras y el embajador lo consiguió por 2.000 (Este cuadro es llamado La Perla porque, según se decía, al verlo Felipe IV exclamó: He aquí la perla de mi colección).
(Continuará)
Canel.

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