Para principios de 1651, Cárdenas había tomado la costumbre de enviar a Madrid, mensualmente, un estadillo que explicaba la situación actual del mercado y las ofertas que había recibido. Pero en junio solicitaba permiso a Felipe IV para retirarse del cargo de embajador y volver a su casa a España. Sin embargo, en la almoneda londinense se estaban produciendo algunos movimientos que Cárdenas no podía obviar.
Para empezar, al Parlamento decidió pagar, al mes siguiente, a una nueva tanda de sus acreedores, efectuándose la liquidación parte en metálico y parte en obras de arte. Pero claro, muchos de esos acreedores no tenían ni pajolera idea del valor que podrían obtener por la obra de arte que se les había adjudicado como pago ni de cómo venderla. Así que se agruparon en 18 dividends, que eran una especie de sindicatos de tenedores de obras de arte, cada uno de los cuales manejaba arte por un importe aproximado de 5.000 libras. El presidente de cada dividend, que era un artesano más, abría una galería donde exponía y vendía las obras de sus sindicados. Naturalmente que la mayoría de los artesanos se daban con un canto en los dientes con cobrar un 70 u 80 % del valor de los lienzos en el mercado, porque a ellos lo que les hacía falta era dinero para seguir elaborando sus productos.
A estas facilidades (que, por cierto, incorporaban también el hecho de que Cárdenas podía actuar con menos trabas, pues ya podía comprar directamente al propietario sin que éste fuese la Corona Británica) se unió la oportunidad de su vida: el embajador de Francia, probablemente el principal rival de Don Alonso, fue expulsado de Gran Bretaña por Cromwell en diciembre; Mazarino no enviaría un nuevo embajador hasta 1653.
Por su parte, los agentes del Archiduque de Austria, Leopoldo Guillermo (que además de archiduque era obispo a ratos perdidos), habían consumido los fondos que se les habían proporcionado para adquirir cuadros. Otro rival que se había retirado del mercado era Cristina de Suecia, pues sus soldados, al saquear en 1648 (al final de la Guerra de los 30 años) la colección del Archiduque Rodolfo II en el castillo de Praga, prácticamente habían colmado los deseos de coleccionismo pictórico de la reina sueca.
La situación de Cárdenas no podía ser mejor. Todo lo que compró en este período lo hizo a precios inferiores a los de tasación: por un tintoretto, llamado El Lavatorio (El Prado), que estaba tasado en 300 libras, se pagaron 250 y fue a las Salas Capitulares de El Escorial. Por la extraordinaria colección de los “12 emperadores” de Tiziano, que se le había entregado al 6º dividend en compensación de unas deudas de 1.200 libras, Cárdenas pagó 625.
La Educación de Cupido (hoy en la National Gallery, porque Velázquez, metió la pata y lo rechazó), cuadro de Correggio que el dividend correspondiente tomó para compensar deudas reales por importe de 800 libras, fue comprado por Don Alonso por 400. También 2 cuadros de Palma El Joven, David vencedor de Goliat y la Conversión de San Pablo (ambos en El Prado) pudieron ser comprados por 100 y 37 libras respectivamente, cuando su tasación conjunta había sido de 200. La Alegoría de la Guerra y la Paz (El Prado) fue comprado por Cárdenas por 75 libras cuando el dividend correspondiente lo había tomado por 100. El mismo descuento obtuvo D. Alonso para un Retrato de un desconocido y un Autorretrato (ambos en el Prado) de Durero; el 2º dividend los recibió a cambio de una deuda de 100 libras y su presidente (que era el sastre real) los vendió a Cárdenas por 75.
De ese tiempo proviene la adquisición del Martirio de San Sebastián, de van Dyck (El Escorial), aunque no se conoce el precio que se abonó en su momento lo que sí sabemos es que el pasado mes de febrero de 2009, Patrimono Nacional lo recuperó (se lo habían llevado los gabachos en la francesada) pagando 2,5 millones de euros.
Curiosamente, el principal rival de D. Alonso de Cárdenas en esta época fue un paisano: el Conde de Fuensaldaña, principal militar español en la corte de Bruselas en los Países Bajos. Hay un episodio bastante oscuro que no sabría interpretar muy bien.
Cárdenas escribe ya a finales de 1651 una carta a su contacto oficial, el Marqués del Carpio, indicándole que el pintor flamenco Teniers El Joven, había sido comisionado por Fuensaldaña para que comprase en Londres obras de arte para él. Cárdenas informa de que esos cuadros, debidamente embalados, habían sido depositados en su casa desde donde debían salir con destino a España. Teniers mantenía que los cuadros no procedían de la colección real, sino que eran compras que él había hecho a la colección del Duque de Pembroke. Pero Cárdenas descubrió que no era así (sólo podía descubrirlo abriendo las cajas, claro) y que en verdad provenían de la extinta Casa Real inglesa.
Para empezar, al Parlamento decidió pagar, al mes siguiente, a una nueva tanda de sus acreedores, efectuándose la liquidación parte en metálico y parte en obras de arte. Pero claro, muchos de esos acreedores no tenían ni pajolera idea del valor que podrían obtener por la obra de arte que se les había adjudicado como pago ni de cómo venderla. Así que se agruparon en 18 dividends, que eran una especie de sindicatos de tenedores de obras de arte, cada uno de los cuales manejaba arte por un importe aproximado de 5.000 libras. El presidente de cada dividend, que era un artesano más, abría una galería donde exponía y vendía las obras de sus sindicados. Naturalmente que la mayoría de los artesanos se daban con un canto en los dientes con cobrar un 70 u 80 % del valor de los lienzos en el mercado, porque a ellos lo que les hacía falta era dinero para seguir elaborando sus productos.
A estas facilidades (que, por cierto, incorporaban también el hecho de que Cárdenas podía actuar con menos trabas, pues ya podía comprar directamente al propietario sin que éste fuese la Corona Británica) se unió la oportunidad de su vida: el embajador de Francia, probablemente el principal rival de Don Alonso, fue expulsado de Gran Bretaña por Cromwell en diciembre; Mazarino no enviaría un nuevo embajador hasta 1653.
Por su parte, los agentes del Archiduque de Austria, Leopoldo Guillermo (que además de archiduque era obispo a ratos perdidos), habían consumido los fondos que se les habían proporcionado para adquirir cuadros. Otro rival que se había retirado del mercado era Cristina de Suecia, pues sus soldados, al saquear en 1648 (al final de la Guerra de los 30 años) la colección del Archiduque Rodolfo II en el castillo de Praga, prácticamente habían colmado los deseos de coleccionismo pictórico de la reina sueca.
La situación de Cárdenas no podía ser mejor. Todo lo que compró en este período lo hizo a precios inferiores a los de tasación: por un tintoretto, llamado El Lavatorio (El Prado), que estaba tasado en 300 libras, se pagaron 250 y fue a las Salas Capitulares de El Escorial. Por la extraordinaria colección de los “12 emperadores” de Tiziano, que se le había entregado al 6º dividend en compensación de unas deudas de 1.200 libras, Cárdenas pagó 625.
La Educación de Cupido (hoy en la National Gallery, porque Velázquez, metió la pata y lo rechazó), cuadro de Correggio que el dividend correspondiente tomó para compensar deudas reales por importe de 800 libras, fue comprado por Don Alonso por 400. También 2 cuadros de Palma El Joven, David vencedor de Goliat y la Conversión de San Pablo (ambos en El Prado) pudieron ser comprados por 100 y 37 libras respectivamente, cuando su tasación conjunta había sido de 200. La Alegoría de la Guerra y la Paz (El Prado) fue comprado por Cárdenas por 75 libras cuando el dividend correspondiente lo había tomado por 100. El mismo descuento obtuvo D. Alonso para un Retrato de un desconocido y un Autorretrato (ambos en el Prado) de Durero; el 2º dividend los recibió a cambio de una deuda de 100 libras y su presidente (que era el sastre real) los vendió a Cárdenas por 75.
De ese tiempo proviene la adquisición del Martirio de San Sebastián, de van Dyck (El Escorial), aunque no se conoce el precio que se abonó en su momento lo que sí sabemos es que el pasado mes de febrero de 2009, Patrimono Nacional lo recuperó (se lo habían llevado los gabachos en la francesada) pagando 2,5 millones de euros.
Curiosamente, el principal rival de D. Alonso de Cárdenas en esta época fue un paisano: el Conde de Fuensaldaña, principal militar español en la corte de Bruselas en los Países Bajos. Hay un episodio bastante oscuro que no sabría interpretar muy bien.
Cárdenas escribe ya a finales de 1651 una carta a su contacto oficial, el Marqués del Carpio, indicándole que el pintor flamenco Teniers El Joven, había sido comisionado por Fuensaldaña para que comprase en Londres obras de arte para él. Cárdenas informa de que esos cuadros, debidamente embalados, habían sido depositados en su casa desde donde debían salir con destino a España. Teniers mantenía que los cuadros no procedían de la colección real, sino que eran compras que él había hecho a la colección del Duque de Pembroke. Pero Cárdenas descubrió que no era así (sólo podía descubrirlo abriendo las cajas, claro) y que en verdad provenían de la extinta Casa Real inglesa.
(Continuará)
Canel.
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