Tiziano, que durante muchos años fue el pintor favorito de Carlos V y de Felipe II, aparecía en la lista enviada a Madrid con la Alocución del Marqués del Vasto (El Prado), que aunque se ofrecía a 400 libras Cárdenas lo consiguió por 250 y así pasó de Londres al Alcázar de Madrid, precedente del Palacio Real (y en su misma ubicación).
Evidentemente, además de muchos éxitos, también le metieron algún gol, entre ellos un giorgionne que era el cuadro que más le gustaba a Cárdenas. Aunque era barato, 150 libras, se le había anticipado un tal coronel Wetton. Pero al poco tiempo Wetton se lo ofreció a Cárdenas por 350 libras y, en el lote, añadía un lienzo de Andrea del Sarto comprado por 230 libras y ofrecido al embajador por 300. Cárdenas pagó el sobreprecio. El giorgionne, con un tema sobre Salomón y los ídolos, ya ha desaparecido; el delsarto es el lienzo llamado Escena Mística (El Prado).
La compra más cara que realizó fue la de 9 tapices, elaborados sobre cartones de Rafael, por los que llegó a pagar hasta 3.559 libras. Este precio no incluía otras 395 libras más para gastos, que incluían sobornos, embalajes, seguros, transportes y un 2% como honorarios de un comisionista llamado Akins (posiblemente Atkins) que, además, delegó las gestiones en un tercero.
Para marzo de 1650 estaba quedando claro que, como siempre pasa con estas cosas, los revolucionarios no iban a sacar tanto dinero como esperaban para hacer frente al pago de las deudas que había dejado el difunto Carlos Estuardo. Entonces empezaron a pagar a los acreedores con los propios cuadros, siendo esos acreedores quienes luego, al vender el cuadro y cobrarlo, quedaían resarcidos de sus deudas.
Así sucedió con un tal Grebier (hombre de vida novelesca), a quien se le canceló la deuda con un pago en metálico y un cuadro de Tiziano que se llama Carlos V con un perro (hoy en el Prado), a cambio de 150 libras que se le adeudaban. En cuanto tuvo el cuadro en su poder, Cárdenas le ofreció comprárselo por exactamente esa cantidad. Naturalmente que Grebier aceptó y el cuadro pasó a manos del rey de España.
Bueno, lo correcto es decir “volvió a manos del rey de España”.
Si alguno tuvo el coraje de leer aquello que escribí hace unos meses que se llamaba Algunos Cárdenas del Siglo de Oro, en su tercera entrega (III), en el punto 12, contaba que el decapitado Carlos I, cuando aún era Príncipe de Gales, se plantó en Madrid acompañado del Duque de Buckingham para intentar casarse con una hermana del rey llamada María Ana. La boda no cuajó por el anglicanismo de Carlos, pero tanto el fracasado novio como el duque habían recibido múltiples regalos de los cortesanos madrileños, entre los que estaba Jaime Manuel de Cárdenas que se descolgó con nada menos que seis caballos. Me preguntaba yo entonces (temiéndome lo peor) si una vez abortada la boda los ingleses devolvieron los regalos recibidos. Bueno, pues aquí tenemos la respuesta que viene a certificar que mis temores no eran infundados. El Carlos V con un perro que compró Cárdenas en Londres, había sido un regalo que Felipe IV había hecho en Madrid al Príncipe de Gales (y que éste, claro, no devolvió)... ¡26 años antes!
Durante 1650 Cárdenas se multiplicó. Adquirió el Moisés salvado de las Aguas (Prado), de Veronés por 7 libras, 7 peniques y 10 chelines. Por esa misma cantidad se hizo con un lienzo atribuido a Caravaggio, sin identificar, incluyendo en el lote 2 bronces de Francesco Fanelli.
En ese mismo año, compró a un solo proveedor una veintena de cuadros a precios, a veces, ridículos. Por el magnífico la Oración en el Huerto (hoy en el Wellington Museum), de Correggío, pagó 44 libras cuando el mencionado proveedor había abonado 30. Hizo también importantes adquisiciones en escultura, sobre todo obras de Giambologna (el autor de la soberbia estatua ecuestre de Felipe III de la Plaza Mayor de Madrid), como un Hércules por el que se pagaron 7 libras y 7 chelines (había costado 4 libras y 10 chelines) o una Mujer Arrodillada por la que se pagaron 7 libras y 10 chelines cuando había costado exactamente esa cantidad.
Fue en ese año en el que se cerró la compra de los tapices de Rafael arriba comentada.
Evidentemente, además de muchos éxitos, también le metieron algún gol, entre ellos un giorgionne que era el cuadro que más le gustaba a Cárdenas. Aunque era barato, 150 libras, se le había anticipado un tal coronel Wetton. Pero al poco tiempo Wetton se lo ofreció a Cárdenas por 350 libras y, en el lote, añadía un lienzo de Andrea del Sarto comprado por 230 libras y ofrecido al embajador por 300. Cárdenas pagó el sobreprecio. El giorgionne, con un tema sobre Salomón y los ídolos, ya ha desaparecido; el delsarto es el lienzo llamado Escena Mística (El Prado).
La compra más cara que realizó fue la de 9 tapices, elaborados sobre cartones de Rafael, por los que llegó a pagar hasta 3.559 libras. Este precio no incluía otras 395 libras más para gastos, que incluían sobornos, embalajes, seguros, transportes y un 2% como honorarios de un comisionista llamado Akins (posiblemente Atkins) que, además, delegó las gestiones en un tercero.
Para marzo de 1650 estaba quedando claro que, como siempre pasa con estas cosas, los revolucionarios no iban a sacar tanto dinero como esperaban para hacer frente al pago de las deudas que había dejado el difunto Carlos Estuardo. Entonces empezaron a pagar a los acreedores con los propios cuadros, siendo esos acreedores quienes luego, al vender el cuadro y cobrarlo, quedaían resarcidos de sus deudas.
Así sucedió con un tal Grebier (hombre de vida novelesca), a quien se le canceló la deuda con un pago en metálico y un cuadro de Tiziano que se llama Carlos V con un perro (hoy en el Prado), a cambio de 150 libras que se le adeudaban. En cuanto tuvo el cuadro en su poder, Cárdenas le ofreció comprárselo por exactamente esa cantidad. Naturalmente que Grebier aceptó y el cuadro pasó a manos del rey de España.
Bueno, lo correcto es decir “volvió a manos del rey de España”.
Si alguno tuvo el coraje de leer aquello que escribí hace unos meses que se llamaba Algunos Cárdenas del Siglo de Oro, en su tercera entrega (III), en el punto 12, contaba que el decapitado Carlos I, cuando aún era Príncipe de Gales, se plantó en Madrid acompañado del Duque de Buckingham para intentar casarse con una hermana del rey llamada María Ana. La boda no cuajó por el anglicanismo de Carlos, pero tanto el fracasado novio como el duque habían recibido múltiples regalos de los cortesanos madrileños, entre los que estaba Jaime Manuel de Cárdenas que se descolgó con nada menos que seis caballos. Me preguntaba yo entonces (temiéndome lo peor) si una vez abortada la boda los ingleses devolvieron los regalos recibidos. Bueno, pues aquí tenemos la respuesta que viene a certificar que mis temores no eran infundados. El Carlos V con un perro que compró Cárdenas en Londres, había sido un regalo que Felipe IV había hecho en Madrid al Príncipe de Gales (y que éste, claro, no devolvió)... ¡26 años antes!
Durante 1650 Cárdenas se multiplicó. Adquirió el Moisés salvado de las Aguas (Prado), de Veronés por 7 libras, 7 peniques y 10 chelines. Por esa misma cantidad se hizo con un lienzo atribuido a Caravaggio, sin identificar, incluyendo en el lote 2 bronces de Francesco Fanelli.
En ese mismo año, compró a un solo proveedor una veintena de cuadros a precios, a veces, ridículos. Por el magnífico la Oración en el Huerto (hoy en el Wellington Museum), de Correggío, pagó 44 libras cuando el mencionado proveedor había abonado 30. Hizo también importantes adquisiciones en escultura, sobre todo obras de Giambologna (el autor de la soberbia estatua ecuestre de Felipe III de la Plaza Mayor de Madrid), como un Hércules por el que se pagaron 7 libras y 7 chelines (había costado 4 libras y 10 chelines) o una Mujer Arrodillada por la que se pagaron 7 libras y 10 chelines cuando había costado exactamente esa cantidad.
Fue en ese año en el que se cerró la compra de los tapices de Rafael arriba comentada.
2 comentarios:
Canel,ya sé que tú lo sabes, pero para el que no lo conozca diré que el citado escultor Giambologna es el conocido en España como Juan de Bolonia, que tampoco se llamaba así ni era de Bolonia aunque en esa bella ciudad italiana se halle una de sus más conocidas obras, la fuente de Neptuno.
El artista en cuestión había nacido en 1529 en Douai,Condado de Flandes,hoy perteneciente a Francia, y se llamaba Jean Boulogne. Tras sus primeros estudios en Amberes pasó a Italia en donde residió el resto de su vida. Estuvo al servicio de los Médicis y murió en Florencia en 1608.Es uno de los principales representantes del manierismo italiano.
La estatua ecuestre de Felipe III, obra que estaba realizando cuando le sorprendió la Parca, la concluyó su discípulo Pietro Tacca, autor también de la de Felipe IV que está en los jardines de la Plaza de Oriente y en cuya ejecución intervinieron otros dos genios:Velázquez, que hizo el retrato que sirvió de modelo, y Galileo, que realizó los cálculos para lograr el equilibrio de la difícil postura del caballo, que sólo se apoya en las patas traseras.
Otras obras de Juan de Bolonia que se encuentran en España son el bajorrelieve conocido como Alegoría de Francisco de Médicis, que se conserva en el Museo del Prado, y la estatua orante del Cardenal Don Rodrigo de Castro en su magnífico mausoleo del Colegio de Santa María la Antigua de Monforte de Lemos. Por cierto, personaje éste Don Rodrigo merecedor de más detenido comentario.
En cuanto a las obras de Juan de Bolonia compradas por Don Alonso en el Rastrillo londinense, las citadas Hércules y Mujer arrodillada, no hay noticia de que se encuentren en España. Mucho me temo que fueran objeto de rapiña en cualquiera de los otros momentos de nuestra agitada Historia en que también se practicaba -¡y de qué manera!- el "espíritu de recogimiento".
Fenomenal, Juaco.
Gracias.
canel.
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