martes, 12 de mayo de 2009

ALONSO: EL GRAN MAESTRE (IV)

NOTA PREVIA: Despiertos de mente como sois (si no no me leeríais), os daréis cuenta de que este capítulo debería ir antes que el señalado con el (III). Me consta que vuestra inteligencia suplirá mi deficiente organización mental.
Pues... ¡Hala!

La principal reforma iniciada por los Reyes Católicos fue la del rescate, para la corona, del poder que la debilidad de sus predecesores había ido transfiriendo a la nobleza. Era un asunto ineludible; ya vimos en el capítulo anterior cómo el duque de Medina Sidonia disponía de, al menos, 4.000 soldados mientras que, por entonces, la corona sólo podía reunir 500.
Además del poder particular que tenía cada uno de los nobles, existían unas entidades aún más poderosas. Eran las órdenes militares: Calatrava, Santiago y Alcántara en Castilla y Montesa en Aragón. A su control, por tanto, se dedicó el esfuerzo real.

El proceso de recuperación del poder en la Orden de Santiago fue muy conflictivo acaso porque quien mandaba en esa Orden era el primer jerarca de Castilla después del rey o del heredero.

A la muerte del Maestre de Santiago, Juan Pacheco (1474), su hijo, Diego López Pacheco, nuevo marqués de Villena, pretendió hacerse con la vacante en virtud de un legado que le había hecho su padre en vida. Esta decisión, tomada en Uclés, la villa en que tenía su residencia la Orden en la provincia de Castilla, era irregular, pero es cierto que alguno de los altos mandos de la Orden, incluido el propio rey Enrique IV, estuvieron de acuerdo con ella.

La Orden estaba regida por un capítulo formado por 13 caballeros, que eran los únicos con derecho a voto. A cada uno de ellos se le llamaba trece. (V. gr.: “Ese tío es trece de Santiago”). Bueno, pues parece que el trece D. Rodrigo Manrique no dio por buena la “elección” irregular de Villena, convocó nueva votación y salió él mismo elegido.

Por su parte, el prior de la provincia de León, cuyo centro era la iglesia de San Marcos en esa ciudad, apoyándose en un canon de la Regla de la Orden que obligaba a reunir el capítulo en la provincia donde hubiese muerto el Maestre anterior, consideró nulas otras elecciones. En efecto, Pacheco había muerto en Santa Cruz de la Sierra que pertenecía a la provincia de León en la Orden de Santiago, así que el Prior tomó las riendas y convocó “su” capítulo en San Marcos, en el que fue cooptado Alonso de Cárdenas.

Así que ahora tenemos 3 grandes maestres: Villena, Manrique y Cárdenas. Pero para gozo de los profesores de literatura y no tanto de sus alumnos, muere D. Rodrigo Manrique (1476), con lo que su hijo D. Jorge va y escribe las famosas “Coplas a la muerte de su padre”. Otro efecto de este óbito fue que Alonso salió con urgencia para Uclés, donde se había reunido el capítulo de la Orden para unificar ahora el título de Gran Maestre. Hay que decir que todo indicaba que en una hipotética unificación el elegido sería nuestro Alonso, pues lo de Villena y su hijo era un poco chapucero.

Pero Isabel La Católica, de quien no puedo dejar de recordar que aún era una niñata de 25 abriles, también salió a toda pastilla para Uclés. Hizo a lomos de mula, en 6 días, los 350 kms. que separan Toro (Zamora) de Uclés (Cuenca), en pleno mes de diciembre atravesó los puertos (probablemente nevados) del Sistema Central y se plantó delante de los 13 miembros del capítulo, cada uno de los cuales tenía más armas, más castillos, más soldados, más dinero y más poder que la Corona de Castilla.

Bueno, pues la niñata esta los venció. Para empezar ordenó a Alonso de Cárdenas, que aún se encontraba en Corral de Almaguer, que detuviese su marcha hacia Uclés y esperase allí sus órdenes, a lo que Alonso, como buen vasallo, obedeció sin rechistar (aunque a regañadientes). Luego la reina, en medio del capítulo, reclamó para su marido Fernando el Gran Maestrazgo que ejercería provisionalmente durante 6 años. La idea de Isabel era que se produjese un “tiempo muerto” para que ella decidiese a quién convenía dar el cargo, otorgárselo al que fuese elegido (en apariencia por los treces, pero en realidad por ella misma) pero, a la muerte de éste, que el Gran Maestrazgo revirtiese definitivamente en la Corona. Los treces, que junto con los comendadores se habían reunido en número de 130, aceptaron. Era un 14 de diciembre de 1476: 474 años después mi madre sintió los primeros dolores del parto y, felizmente, al día siguiente, 15, nací yo.

Pero no se llegó al sexenio y bastaron 2 años para que, en efecto, Fernando resignase el cargo en la Orden que, inmediatamente, eligió a Cárdenas (que era el “tapado” de la reina y de Fernando, que participó mucho en las negociaciones) en un capítulo que se celebró en Azuaga en noviembre 1477. El elegido aportaba la nada despreciable cantidad de 3 millones de maravedíes anuales para el mantenimiento de la frontera de Granada. La cantidad no salía de las arcas de la Orden, sino de la buchaca del propio Alonso pero, como ya sabemos, al año siguiente los reyes le perdonaron la deuda.

Muerto Alonso en 1493, el Gran Maestrazgo de la Orden de Santiago pasó, según lo pactado, al rey Fernando y desde entonces lo ha mantenido siempre el rey de España, excepto en los tiempos de Franco (prematuramente fallecido) y de Juan Carlos I, en que lo tuvo D. Juan de Borbón. Por tanto, Alonso pasó a la Historia porque fue el último Maestre de la Orden de Santiago no miembro de la Casa Real española.

La Orden de Calatrava pasó a la Corona en 1477 y la de Alcántara en 1492, ambas por sendas bulas papales. Lo mismo ocurrió en Aragón con la Orden de Montesa, pero está no pasó a manos reales hasta 1587, en tiempos de Felipe II. Si se tiene interés por las historias escabrosas de personajes históricos, puede leerse algo sobre D. Pedro Luis Garcerán de Borja, último Maestre de la Orden de Montesa y hermanastro de San Francisco de Borja.
(Continuará)
Canel.


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