Como ya es sabido que no hay plazo que no se cumpla, ahí va la ejecución de mi amenaza.
Alonso de Cárdenas (1423-1493), fue el prototipo del caballero de la nobleza media que consiguió ubicarse políticamente tras una vida difícil en la que nada le fue regalado. Aunque se estaba viviendo ya sobre la ancha y ambigua frontera que separaba al Medievo del Renacimiento, muchos aspectos de la vida de Alonso se pueden enmarcar con facilidad en el ámbito cronológico medieval.
Alonso era hijo de Garci López de Cárdenas, que ya era Comendador Mayor de León de la Orden de Santiago y de Dª. Blanca Coello Pacheco. Se educó el chico en la corte de Juan II de Castilla (el padre del futuro Enrique IV y de la futura Isabel la Católica) como paje del príncipe don Enrique.
Una esforzada carrera militar le llevará a ser designado Comendador Mayor de León en la Orden (el mismo cargazo que había tenido su padre y que tendrá su sobrino Gutierre, el “tío Gutierre”) y a aspirar incluso al Gran Maestrazgo a la muerte de su titular, el marqués de Villena, Juan Pacheco. Curiosamente, el hijo mayor de este Juan Pacheco peleó contra Alonso de Cárdenas por querer ser él también Gran Maestre de Santiago, mientras que el hijo segundo se convirtió en su yerno.
D. Alonso tuvo 2 hijas. Una legítima, que se llamó Juana y que casó con Pedro de Portocarrero, “El Sordo”, Señor de Moguer, que es el hace un momento citado segundo hijo de Juan Pacheco. Otra bastarda, Leonor, que casó con Juan de Guzmán, “el Urraco”, hermano del Duque de Medina Sidonia.
Se puede leer por ahí que García López de Cárdenas, el primer europeo que vio el Cañón del Colorado (1540), era también hijo de Alonso, pero yo creo que no puede ser. En primer lugar porque el Cronista Fernández de Oviedo, que escribió en 1550 una casi biografía de Alonso, no menciona tal circunstancia (ni ningún otro cronista); en segundo porque si Alonso hubiese engendrado a este supuesto hijo a los 60 años (en 1583), que no está mal, Lope debería haber tenido cuando hizo su descubrimiento 57 años, edad que no se compadece demasiado con la áspera actividad de andar a caballo por los desiertos de USA.
La historia de Alonso es la historia de las guerras castellanas del siglo XIV. Todo su ascenso social se forjó en las caleidoscópicas guerra anteriores a la Conquista de Granada (1492).
Ocurría que al simple ejercicio de soberbia y ambición, que ya llevaba por sí a enfrentamientos bélicos entre nobles, había que añadir que hubo como una media docena de aspirantes al Gran Maestrazgo de la Orden de Santiago que fiaban más su elección a la fuerza de las armas que a la de las urnas. Por si esto fuera poco, se producía al mismo tiempo la guerra civil española entre nobles partidarios de Isabel (en el futuro “La Católica”) y los de Juana “la Beltraneja”, hija del difunto rey Enrique IV “el Impotente” y pretendiente por ello al trono castellano.
No termina ahí el caleidoscopio, porque Alfonso V de Portugal había casado en 1475 con Juana “La Beltraneja”, que no tenía más que 13 años, considerándose a sí mismo, por ello, monarca de Castilla. Desde luego que Alfonso participó en la guerra entre su mujer e Isabel pero, al considerarse “rey castellano”, entró en tierras españolas con tropas lusas. Esto, que en realidad era una simple invasión portuguesa, no hizo gracia a muchos de los partidarios de su señora esposa, algunos de los cuales mantuvieron su apoyo a “la Beltraneja” aunque “de aquella manera”.
Como era de esperar, ante este panorama de límites tan difuminados los historiadores se hacen un lío y adjudican las mismas batallas a conflictos diferentes. Les comprendo, pues muchas veces es difícil adivinar cuál es la causa última de un cerro de muertos entre cristianos (probablemente tampoco lo tenían muy claro los propios jefes de los combatientes). Pero la realidad es que tanto la adscripción de Alonso al bando de Isabel como su capacidad militar labraron su exitosa (bueno, menos una vez) carrera.
Después de culminada la toma de Granada, empresa de su vida, el Maestre se retiró a Extremadura. Otorgó testamento en Llerena el 30 de junio de 1493 y falleció al día siguiente con 70 años de edad. Fue sepultado en la Parroquia de Santiago de esa ciudad. El Maestre don Alonso yacía en la capilla mayor de dicha iglesia, en unión de su esposa doña Leonor de Luna. Su sepulcro fue deshecho, y de él se conservan en la actualidad las estatuas yacentes de ambos cónyuges adosadas a la pared de la Iglesia.
Continuará.
Canel.
1 comentario:
Gracias, Canel.Ya estábamos echando de menos tus sabrosas crónicas.
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