Catalina de Erauso ha pasado a la historia como "La Monja Alférez".
Era una neskita de San Sebastián que había nacido en 1585. A los 4 años sus padres la ingresaron en un convento del barrio donostiarra del Antiguo pero, 11 años después, escapa de allí, se confecciona unas ropas de varón y se corta el pelo. Así, mitad huyendo mitad sobreviviendo, Catalina, usando diversos nombres de varón, recorre España primero y pasa a las Indias después donde, tras unos primeros titubeos (y homicidios) alcanza por su valentía en la lucha contra los indios de Chile el grado de alférez.
Pero su fama de matachín y de tahúr puso tan encima de ella (bueno, o de él) a las autoridades que, en cierto momento (1622), hubo de decir la verdad de su historia al obispo de Ayacucho. Sorprendentemente se puso el prelado a favor de la monja alférez y lo mismo hicieron la población civil hispanoamericana y la jerarquía católica personificada por el obispo de Lima.
Vuelve Catalina a Europa donde consigue que Felipe IV le respete el empleo de alférez y le conceda una pensión. Y, no sólo eso; pasa a Roma y allí es recibido en audiencia por Urbano VIII que le autoriza a seguir vestido de hombre.
Cruza de nuevo el charco, se instala en México y en 1650 pasa a coger sitio en el Valle de Josafat.
Bueno, pues corría el año 1603 de la era de la Encarnación del Señor y nos encontramos a Catalina, vestida de hombre, desde luego, sirviendo a un mercader de Trujillo (Perú) que se llamaba Juan de Urquiza.
El jefe había dejado a nuestro hombre (?) a cargo de una tienda de telas y trajes que tenía abierta en la localidad de peruana de Saña (o Zaña), mientras él se iba a la central de Trujillo. Entre las instrucciones que le dejó se encontraba una relación de todas las personas a las que podía vender a crédito y la forma de anotar esas operaciones. Puso, según afirma Catalina en sus memorias, especial énfasis "para en cuanto mi señora Beatriz de Cárdenas, persona de toda sus satisfacción y obligación".
A pesar de ello, la atracción por lo textil de Beatriz debió alcanzar cotas tan andinas que Catalina escribió a Don Juan a Trujillo diciéndole que lo de la Cárdenas ya estaba pasando de castaño a oscuro. Pero el comerciante le contestó tranquilizándole e indicándole que Doña Beatriz tenía permiso hasta para vaciar la tienda si quería.
Por aquellos días Catalina tuvo un altercado con un tal Reyes, sobrino político de Beatriz de Cárdenas y le pegó un tajo en la cara por el que le tuvieron que dar 10 puntos de sutura. Inmediatamente el agresor (o agresora, que ya tengo un lío muy gordo) se refugió en la iglesia más cercana acogiéndose a sagrado.
Así pasaron unos cuantos meses mientras Urquiza negociaba la libertad de su tendero y mientras, naturalmente, se iban relajando los rigores de la eclesial prisión de Catalina que, por mirar los guindillas hacia otro lado, podía por las noches "escapar" y cenar en compañía de sus amos.
Y escribo sus amos y no su amo, porque el lector despierto ya habrá colegido que Urquiza y Beatriz de Cárdenas eran, para no herir castos caletres, algo más que novios.
Urquiza, astutamente, concibió un plan maquiavélico: si se casaban Beatriz de Cárdenas y Catalina (que no se nos olvide que todo el mundo creía que era un chico), tanto el sajado Reyes como su familia, de la que ya dije que estaba emparentada con la de Beatriz, echaría pelillos a la mar, dejaría el asunto correr y la justicia, una vez retirada la denuncia, renunciaría a perseguirle.
Catalina lo tenía claro. El plan de Urquiza tenía un doble fin. Según sus palabras
"él (Urquiza, claro) miraba a tenernos seguros: a mí para servicio y a ella para gusto." Pero es evidente que se quedó corto (o corta), porque en la operación se obtenían dos beneficios más: por un lado Beatriz quedaba casada y los Cárdenas abandonarían su presión (estoy seguro de ella) a Urquiza; por otro Urquiza casaba a su chavala y él no pagaba las consecuencias.
La reacción por parte de Beatriz fue inesperada. Viendo que de una u otra manera Don Juan aceptaba una relación de ella con el dependiente de la tienda, empezó a acosar a quien creía que ya era su futuro marido. Acudía "él" a cenar a casa de la dama y por entonces, cuenta Catalina, "ella me acariciaba mucho, y con son de temer a la justicia, me pedía que no volviera a la iglesia de noche y me quedase allá".
Beatriz debía estar verdaderamente enamorada de Catalina o cuando menos, necesitada de amor pues, vuelve a tomar la palabra la Monja aún no Alférez, "una noche me encerró y declaró que a pesar del diablo había de dormir con ella".
Claro, si esto hubiese ocurrido, allí se hubiese acabado esta historia de travestismo militar, pero lo cierto es que Beatriz de Cárdenas no cedía en su asechanza, así que Catalina cortó por lo sano. Leamos cómo sigue contándolo: "apretándome tanto en esto (en lo de dormir con ella), que tuve que alargar la mano y salirme."
Pobre Beatriz. Naturalmente que ese soplamocos fue lo único que sacó en limpio de este episodio que, si se analiza un poquito, es bastante truculento.
No he encontrado más documentación que hable de nuestra descocada pariente. Naturalmente que no hubo boda y Beatriz de Cárdenas, acaso aún enamorada de una monja de varonil rostro y figura, probablemente se desvaneció en la Historia.
Canel.
6 comentarios:
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Un saludo
Pepe Cárdenas
PD En las efemérides de hoy hay que incluir el cumpleaños de mi sobrina Irene Presa Cárdenas.
No se os haga extraño ver este comentario bajo la etiqueta MUJERES CARDENAS. Seguramente mi sobrino Pepe debe pensar que las mujeres Cárdenas son las que llevan los pantalones.
Genial la historia Canel, pero seguro que esa Beatriz, no era de nuestra rama. Nosotras somos más normalitas y no nos metemos en esos líos. Besos Margari.
Después de leer tan apasionado relato de Beatriz con mi vecina Catalina (no olvidemos que era donostiarra), he ido al Google, y la he visto. Qué fea era Catalina!!. Ni de hombre era guapo!!.
No sé cómo sería Beatriz.
Los Cárdenas tenemos muy buen gusto, no hay más que ver las parejas que tenemos.
Yo creo que ella no lo miró bien.
Sabía de le existencia de la monja, pero no sabía de su lío con Beatriz.
De buena nos libramos los Cárdenas, pues emparentarnos con la monja no nos hubiera ido nada bien.
Por cierto, ¿hay alguna Beatriz en la familia?
Besos para todos
Elenita
Yo tengo una nieta Beatriz, hija de mi hija Rocío(2.8.3.1.) No creo que el nombre se lo pusieran en recuerdo de tan descocada parienta como dice Canel. Yo espero que cuando sea mayor (ahora tiene 3 años) tenga una vida menos tortuosa. Creo recordar que Bosco también tiene una Beatriz (ésta Valentín Gamazo y García Noblejas) y seguro que habrá alguna más. Besos.Margari.
Yo también tengo una nieta Beatriz, hija de Nacho y Laura (como tus hermanos, Elena) y tiene 3 años, bueno 2 pero el mes que viene cumple 3. Tere
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